
Me enteré, como muchos vecinos twitteros, del secuestro del excandidato panista a la Presidencia, Diego Fernández de Cevallos, por un post en Twitter. Tuve que releerlo varias veces para darme cuenta de que era verdad.
La noticia corrió como pólvora en Twitter. Aparecieron todo tipo de voces y lo que sorprendentemente prevaleció fue la incapacidad que tenemos los mexicanos para sumar energía y voces a favor de un tema común. Los medios de comunicación destacaron de manera constante quién había dado y twitteado primero la noticia. Aparecieron voces que se alegraron de su secuestro y otras que pedían a los secuestradores llevarse a López Obrador también. Los apologistas de la verdad no se mantuvieron callados: todos tenían algo que decir de manera categórica y contundente. (Ojo, esto era lo importante, la contundencia, no el contenido.) Que si Calderón estaba manejando pésimo el hecho, que si debía irse o no a España. Por supuesto, aparecieron quienes ayudaron a confundir más aún: que si Manuel Espino informó, medio informó o siempre no dijo que habían matado al Jefe Diego. Que si José Cárdenas mencionó que era una posibilidad su asesinato pero no confirmaba la fuente. Alejandro Martí apareció en algún punto en mi TL, pidiendo apoyo para presionar con la Ley Antisecuestros que sigue en la heladera legislativa.
Por supuesto, empezaron las especulaciones causales en 140 caracteres: El narco envió un mensaje al gobierno federal. Fué un ajuste de cuentas por sus negocios turbios. Fue una señal en pleno preámbulo de la sucesión presidencial.
Por algún lado, alguien, con una inmensa necesidad de generar un acuerdo y con gran sensatez, dijo que el secuestro de una persona -fuese quien fuese- era inadmisible y que deberíamos decir BASTA a la violencia y a esos hechos.
Siguió avanzando la escalada informativa, la cual no sirvió para nada. El esperado comunicado de Presidencia no aclaró los hechos. El Gobierno del Estado de Querétaro permaneció desdibujado en todo este proceso.
En la tarde, los noticieros de la noche y los días subsecuentes se ha seguido dando información que parece llegará a las mismas certezas y credibilidad que en su momento tuvo la información respecto al desaparecido Diputado Rocha (¿recuerdan a la Paca y la famosa osamenta?), la muerte de Colosio, del Cardenal Posadas Ocampo, de Ruiz Massieu.... y de una larga lista de sucesos que permancen inexplicados o con explicaciones tan inverosímiles que se han convertido en íconos de la simulación y la mentira con que los delitos se resuelven en este país.
Nadie ha dicho algo que calme los ánimos, apague la voz de Radio Pasillos o le de alguna certeza a los mexicanos.
Ya no me sorprende la incapacidad que tenemos los mexicanos para jalar todos hacia un mismo lado. Los intereses partidistas siguen prevaleciendo por encima de los nacionales. Las diferencias siguen siendo insalvables (primero muerto que estar de acuerdo contigo) y el estado de derecho permanece como utopía de unos cuántos.
Los seres humanos somos los mismos en el mundo real y en el espacio virtual. La participación en Twitter y los blogs de quienes han tocado el tema ha sido la misma en uno y otro lugar. La incapacidad de hablar sin adjetivos y de sumar esfuerzos en coyunturas clave sigue permaneciendo. Tal parece que solamente las grandes desgracias, tal como un terremoto, nos une de manera temporal, pero en el diario vivir y en las desgracias cotidianas -que lamentablemente son cada día más usuales y las empezamos a ver como algo común- no nos interesa. Anteponemos la diferencia a la posibilidad de unión.
Más gente opina y a veces se genera un ruido tan espantosamente ensordecedor que el mensaje se pierde -si es que hay alguno- prevalece el RUIDO. Eso ha sucedido con este caso, que por su notoriedad ha permanecido en primera plana, pero que sin embargo pone de manifiesto la visión de los mexicanos respecto al futuro: no tiene sentido apostar por él.
En fin. El secuestro de Fernández de Cevallos, como el de cientos de mexicanos que viven esta tragedia a diario en México, es un hecho injustificable.
Lo lamento como ser humano que siente el dolor y la impotencia ante el abuso, la violencia y el atropello contra otro ser.
Espero que este hecho se resuelva y aclare pronto para que el sufrimiento y la ansiedad que generan la incertidumbre se acaben pronto para su familia y seres queridos.
Quiero que se aclare pronto para que los mexicanos podamos tener una respuesta ante uno más de los muchos atropello que se viven a diario y por los que "nadie tiene la culpa ni la responsabilidad".
Quiero que se aclara pronto, wishful thinking, para escuchar una respuesta creíble que me haga pensar que puedo volver a creer en este país, en sus tomadores de decisiones y en la justicia mexicana (si es que alguna vez ha existido, quiero pensar que si).