Sobre la Edad Media, el Sexo y la Pospolítica

¿Cómo sostener una conversación de café sin abordar estos temas? Hace algunos días el Cuervo (sobre quien ya les he comentado en este blog) lanzó un tema al ciberespacio que me pareció provocador y más que mandado a hacer para una charla con y sin sentido. El título de su post es: “Reflexiones baratas: México o la Edad Media”. Sugiero que lo lean, si les interesa, para conocer el antecedente de esta entrada. (Aquí y aquí encuentran respuestas y comentarios “conversados” al respecto). En todo caso, a partir de los ires y venires de estos temas me surgieron algunas inquietudes que quisiera compartir. 

Me parece interesante que los mexicanos podamos ser vistos al exterior como herederos directos de la moralidad y ética medievales por tener una presencia tan fuerte de la Iglesia Católica. Efectivamente, esa realidad forma parte de nuestro legado histórico y constituye un hecho de nuestra definición cultural, de la misma manera que su carencia perfila el ser de otros países y culturas. 

La relación del poder con la Iglesia Católica en México, que es una de las vertientes de la charla, es compleja, y cualquiera que lea esto me dará la razón. Concluir que nuestra aproximación a la horizontalidad de la vida y al sexo derivan exclusivamente de esto es dar un triple salto mortal invertido sin red de protección debajo sobre una cuerda a 40 metros de altura. Representa dejar del lado el legado prehispánico, componente del mestizaje que caracteriza parte de nuestra cultura e historia. La suma de ambos componentes derivó en una sociedad compleja, cargada de símbolos y contenidos en los que lo más evidente son la simulación y el silencio. 

Simulación como parte de la manera de enfrentar las situaciones en donde se aparenta estar de acuerdo con la letra escrita pero se actúa, en los hechos, en silencio y fuera de los reflectores. La simulación ha impregnado tanto el comportamiento individual de los mexicanos respecto al sexo como el comportamiento público de los políticos respecto a la Iglesia Católica. 

Hablar del sexo fue tabú en las familias, sobre todo en ciertas zonas del país. Decir que esto aplica para todos las mexicanos y mexicanos es una falacia, claramente el comportamiento, actitudes y aproximación al sexo varían por regiones en el país y por supuesto, por generaciones. (Por cierto, sería interesante un estudio comparativo sobre la sexualidad de los mexicanos del norte, del centro y del sur de México. Si alguien conoce alguno le agradecería me diera la referencia.) Me atrevo también a decir que el sexo, que no es lo mismo que sexualidad, es un tema complicado no sólo para nosotros sino para el planeta entero. Si se analizan los matices, infinitos, que tienen que ver con el tema no acabaríamos, sería necesario analizar el valor que las sociedades le han dado a la virginidad masculina y femenina, al ser hombre, al ser mujer, a la homosexualidad y a las variantes cada vez más complejas que existen respecto al comportamiento y preferencias sexuales de los individuos. ¿Y el silencio? Me refiero a esa manera de hacer las cosas “calladitas”, sin que nadie se entere. No quiere decir que no sucedan, simplemente se asume que es mejor no comentarlas, porque el costo social, y político de hacerlas públicas es alto. 

En alguno de los ires y venires sobre estas cuestiones alguien señaló que la llegada del PAN al poder en México “como clase social” (sic y recontra sic) implicó regresar prácticamente el poder político a la Iglesia Católica en México que había estado “acotada durante más de cuarenta años en el país”. Me dieron ganas de darle un beso en la frente a quien lo comentó. ¡Que ternura! En el mundo de la simulación mexicana los políticos, siempre, han negociado con ese poder fáctico que representan los jerarcas de la Iglesia Católica. No fue Vicente Fox quien reestableció relaciones con el Vaticano, fue Carlos Salinas de Gortari, hace quince años, y fue él quién dio inicio “formal” a una relación que ya existía con la Iglesia en México décadas atrás. Díganme en la historia reciente de México qué “quemacuras”, independientemente del partido político al que pertenezca, no se ha sentado con el Obispo de Ecatepec Onésimo Cepeda. ¿Alguien niega la cercanía que tuvieron en su momento Andrés Manuel López Obrador con el Cardenal Norberto Rivera Carrera? ¿Por qué Marcelo Ebrard decidió ponerle una escolta a Rivera Carrera para garantizar su seguridad después de los incidentes en la Catedral? ¿No fue Samuel Ruiz el apoyo más ferviente del Subcomandante Marcos? Independientemente de que se esté de acuerdo o no con la manera de proceder de Vicente Fox, coincidirán quienes lean esto con que fue el mandatario que dejó de simular y aceptó abiertamente sus creencias religiosas. ¿Acaso una democracia no se caracteriza por aceptar la pluralidad y se niega la discriminación en ella por las preferencias religiosas, políticas o sexuales? No deja de sorprenderme año con año que los políticos de todas las tendencias y colores hagan lo que sea con tal de no faltar a la comida anual que organiza el Arzobispo de la Iglesia Ortodoxa Antonio Chedraui. Hace unos días fue la comida 2008 y estuvo plagada de políticos puristas y representantes de la vieja guardia comecuras. (¿o qué, el anticlericalismo de los “buenos políticos” tiene que referirse exclusivamente a la no relación con la Iglesia Católica, pero si con la Judía, Protestante, etcétera….?) ¿El purismo selectivo hace más liberales a quienes pregonan serlo? 

Fue el Dr. Julio Frenk, Secretario de Salud en el sexenio pasado, quien incluyó en la canasta básica de medicamentos la píldora del día siguiente (anticoncepción hormonal poscoito). El debate y cuestionamiento provino, por supuesto, por parte de la Iglesia Católica, algunos integrantes del PAN, y las voces de la oposición “liberal” no se escucharon como debiese para defenderla. ¿Un gobierno secuestrado por la Iglesia Católica podría hacer una propuesta así? Quedó en el olvido también que la esposa del exmandatario, Marta Sahagún, saliese a defender públicamente el uso de condones por ser una necesidad para la protección de los jóvenes en el ejercicio de su vida sexual. La Iglesia Católica se le vino encima y ella no dio un paso atrás, pero los líderes políticos de izquierda tampoco salieron a defender su posición. En este país los políticos prefieren alimentar sus diferencias que buscar puntos de coincidencia, abren la boca cuando pueden destruir y prefieren cerrarla cuando existe la aterradora posibilidad de coincidir con sus “enemigos”. 

Sé que no lo amerita, pero quisiera hacer un último comentario sobre aquella mención de que los panistas son una clase social. En realidad limitaré mi observación a señalar que si así fuese, dos terceras partes del país pertenecerían a una misma clase social, y los indicadores de pobreza revelan otra cosa. ¿Por cierto, los líderes tanto del PRI, como del PRD, de Convergencia y la chiquillada, a qué clase social pertenecen? 

En fin, me parece que este es el tipo de temas que debemos debatir más seguido en México y cuestionar los supuestos, el simulacro y las contradicciones que permanentemente escuchamos en nuestros políticos. Existen excepciones, claro está, pero ningún partido político se salva de esta realidad. 

Posdata histórico-político-religiosa. Seguramente conocen La Cristiada de Jean Meyer, se las recomiendo si tienen interés en conocer la pugna entre la Iglesia y el Estado mexicano durante el primer tercio del siglo pasado . El investigador acaba de publicar su último libro La Gran Controversia en el que analiza la pugna entre la Iglesia Católica y la Ortodoxa en Rusia, país con el que, por cierto, compartimos muchas características políticas, pero ese es tema de otro café. 

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