lunes, 8 de febrero de 2016

Feliz Día de NO San Valentín

Lo confieso. Si, es una confesión.

El 14 de febrero nunca me ha emocionado.

Siempre me ha parecido una fecha, una celebración y un día un poco cursi. Tanto corazón me abruma y me parece tan comercial que no le encuentro mucho sentido.

La invitación de Ana Paola Villegas y Lupita del Toro Bogdanski en el Grupo de Blogueras MX para escribir posts en nuestros blogs con motivo de la fecha me ha parecido una gran provocación y un buen punto de partida para darle una pensada al día y a su sentido desde otra óptica.

¿En qué momento una tradición pagana, adoptada por la Iglesia Católica Romana en la cual se adoptó a San Valentín como el patrón de los enamorados se, convirtió en un día en el que todo el mundo “regala” amor y los “te quieros” se escuchan por todas partes, aunque el día previo o el subsecuente los silencios, la indiferencia o el franco desamor estén presentes sin recato alguno?

Creo que aquí está la clave: en “hacer”, no en “regalar” ni “comprar”.

De repente las fechas, los hitos y las costumbres de siempre están adquiriendo un sentido distinto en mi vida. Me interesa más sumar experiencias y vivencias que cosas y estoy haciendo todo lo posible por deshacerme de todo aquello que me sobra: cosas, creencias, personas que ya no tienen cabida en mi presente.

No creo que el 14 de febrero sea particularmente especial ni que sea necesario un día al año, sólo uno, para decirle a las personas que quieres que las quieres. Tal vez su mayor sentido, o al menos así lo estoy encontrando, es recordar(me)(nos) que el amor no debe expresarse sólo un día cada 365. El amor es ese intangible que sentimos, vivimos, disfrutamos y hasta padecemos sin fecha ni horario, que nos mueve, incita o paraliza y por el cual somos capaces de llevar a cabo hazañas o actos simples, pero inconcebibles en nuestras vidas.

En este momento de mi vida pienso en esta expresión de amor no sólo como la expresión hacia el ser amado en el sentido romántico y pasional. Me parece que el amor es tan amplio que se vale celebrarlo y expresarlo hacia los seres que amamos. Si los seres. Tengo una familia no humana que es parte de mi vida y sin la cual no explico mi vida hoy: esa familia aúlla y maulla y me ha hecho hacer cosas extraordinarias en momentos en que no tenía fuerza ni para levantarme a mi misma. Me ha hecho sacar certeza de mi incertidumbre y respuestas a preguntas no formuladas. A esta familia se suma la humana, compuesta por esas mujeres y hombres que se suman a mi círculo de quereres. Con algunos comparto ADN y otros han llegado a mi existencia por razones y vías diversas y desde historias opuestas que se han cruzado con la mía en circunstancias no planeadas. Les amo a algunos sin mayor explicación (son esas personas respecto de las cuáles uno se pregunta ¿y por qué le quiero si X ó Z? pero no puedo dejarlas de querer) y a otros porque claramente tienen cosas que me fascinan, inquietan o con quienes comparto intereses, pasiones, circunstancias o situaciones vitales memorables.

¿Debo esperar al 14 de febrero para decirles lo que significan? Algunos me reclaman que nunca les dedico tiempo, y tal vez tienen razón, pues mis otras pasiones (proyectos y demás locuras) también consumen minutos de mis limitadas 24 horas, pero están en mi corazón y pensamiento. Me parecería lastimoso esperar ese día cada año para decirles lo que representan. Se los digo cada que puedo. Tal vez por eso los abrazos se me escapan cuando encuentro a alguien que quiero y soy besucona desde niña. No me puedo, y a estas alturas de mi vida, no me quiero contener. No se me antoja llevarme a la tumba un saco de “te quieros” y apapachos no dados.

Entonces, ¿qué puedo decir sobre este 14 de febrero? Creo que no mucho. Me sigue pareciendo cursi y por más que intento, tanto corazón me empalaga. Después de escribir lo que acabo de vaciar a toda velocidad en el teclado de la computadora y con la velocidad de mis dedos, llego a la conclusión de que es una fecha comercial que tiene una función valiosa: recordarnos que el amor existe y que debe conmemorarse, honrarse, expresarse y vivirse cada minuto de la vida y en tiempo presente. Mañana es tarde para expresarle a quien quieres hoy, que es importante en tu vida. No importa si lo dices con palabras, acciones, miradas o caricias. El asunto es no guardarlo y expresarlo.

Si no les regalo un corazón este 14 de febrero, no me lo tomen a mal. Les garantizo que los 364 días restantes encontraré la manera de hacerles saber que me importan.

Feliz Día de San Valentín y felices días de no San Valentín.


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Más sobre el especial de San Valentín de otros blogs que  participamos en esta iniciativa de BloguerasMX:




viernes, 22 de enero de 2016

Jubilosos cincuenta



La mejor edad para ser mujer... es justamente la que tienes ahora.

Señala el diccionario que el júbilo es  el gozo o alegría muy intensa que se hace ostensible. No encuentro otra manera de describir la llegada a los cincuenta años. Me falta un mes y medio para cumplirlos oficialmente, pero llevo saboreando gozosamente su arribo desde hace tiempo.


No encuentro cabida a esas imágenes y creencias que escuché desde la infancia en que se decía que una mujer de cincuenta era una mujer en plena decadencia: con la cabeza blanca  y peinado de chonguito anudado en la nuca, vestida de negro, ligeramente encorvada y con la piel arrugada, en plena despedida de una vida dedicada a los hijos o al resto de la humanidad y con un futuro de color parecido al de su atuendo.

Nada más lejano y distante de mi presente.

La intensa e inmensa alegría que me está provocando la llegada a mis cerca de 18250 días de vida  no puedo describirla. Me late el corazón, no puedo parar de sonreír y tengo muchos planes, proyectos  que hacer, países que visitar, libros que leer, emociones que sentir, palabras que escribir, calles que caminar, atardeceres que disfrutar, carcajadas que liberar, vinos que catar, helados que probar, caricias que dar  y besos que compartir.  

Desde que tengo uso de razón recuerdo haber pensado que uno de mis deseos de vida era llegar a la muerte habiendo hecho, por lo menos, un tercio de todo lo que quiero hacer. Creo que no he cambiado mucho.  He hecho infinidad de  cosas, vivido, sentido, disfrutado, elaborado, construido, pero me faltan otras tantas por hacer aún. Ser eternamente inquieta permanece y no parece disminuir esa picazón que me provoca el descubrir, aprender, explorar.

Me encuentro menos miedosa de lo que tradicionalmente fui y más plantada en mis zapatos. Me preocupa menos equivocarme que el aprendizaje que cada decisión lleva implícito.  Los adioses ya no me paralizan y las bienvenidas me impulsan a seguir adelante.  Me siento más segura de mis ideas y estoy dispuesta a explorar nuevos horizontes.  Tengo la certeza de que no existen certezas en la vida  y la incertidumbre me resulta más atractiva, tal vez porque ahora sé que cuento conmigo.

Me he reconciliado con mi historia, con los capítulos que me destrozaron y que a la larga me hicieron más fuerte sin darme cuenta.  He perdonado la mayor parte de mis equivocaciones y sé que aquellas que aún ahora me generan dudas encontrarán su lugar en el proceso.  Si quiero algo, lo busco, no me gusta dejar al azaroso y juguetón destino mis inquietudes y ganas. Si no obtengo lo que busco, exploro otro camino o asumo que no todo se puede dar y me despido de ello.  Si no me siento cómoda con eso, lo reconozco y sigo el trayecto. La frustración ya no me paraliza, me incentiva.  

El amor me entusiasma así como sus infinitas posibilidades  espirituales y físicas.  Reconozco que el cuerpo que hoy tengo no se parece al que tuve hace 10, 20 ó 30 años, pero no me importa. Lo disfruto como no lo hice cuando la gravedad aún no decidía hacerse presente y agradezco el aire que le da vida a cada a célula que me hace ser quien soy.  Hoy tengo el aplomo que carecía cuando todo en mi cuerpo estaba en su lugar. ¡Jugarretas de la vida!

La inteligencia y sus múltiples manifestaciones me gustan cada día más. El sentido del humor es una de ellas y lo disfruto sin límites. No cambio una carcajada sentida, y más si es compartida, por una discusión que no busca encontrar una respuesta sino obtener la razón a costa de lo que sea.

Hoy me atrevo a atreverme. ¡Ese si que es un regalo que llega con los años! La conciencia de que cada día es irrepetible y de que no me estoy haciendo más joven se ha convertido en el motor que me levanta y empuja todas las mañanas.  No me quiero quedar con “te quieros” en el baúl de las dudas ni con posibilidades amordazadas por el temor al resultado.

El tiempo transcurre más rápido. ¿Alguien sabe por qué las manecillas de mi reloj son más veloces que antes?  Sin embargo, disfruto cada segundo mucho más.

Ya no me interesa tener la razón. Le apuesto a aquello en lo que creo e invierto tiempo con las personas, en los proyectos y en aquello que me hace sentido y me gusta.  Ya no busco espacio para lo  “que tiene que ser” y si lo busco para lo que me emociona y compromete.

Cada día me tomo las cosas menos personales y cuando alguien no coincide conmigo, agradezco las diferencias y sigo mi recorrido. ¿Te gusto? Qué bueno. ¿No te gusto? También.

¿Cómo no estar feliz de llegar a los cincuenta disfrutando cada instante, habiendo vivido lo vivido y con ganas de seguir acariciando cada segundo?


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lunes, 28 de diciembre de 2015

5 razones para despedir feliz el 2015

¡No lo puedo creer! Un año más que se va a toda velocidad. ¡Adiós 2015! ¡Bienvenido 2016! 

No recuerdo haber despedido un año tan contenta y en paz como éste. Si, lo despido con muchísimo gusto, sin nostalgia y con aceptación. ¿Será que me estoy haciendo vieja? (Debería decir: ¡Mas experimentada!)

Si tuviera que hacer una lista de cosas que me hicieron feliz este año, sería enorme. Siendo práctica, me limitaré a las 5 cosas que me hicieron muy feliz este año y por las que despido con enorme agradecimiento de este 2015. 

1. La vida me ha sonreído. Me ha sonreído de muchas maneras: en lo personal, profesional, familiar.  Posiblemente la sonrisa no llegó sola, la busqué, pero eso ha sido lo lindo. Esas sonrisas han sido también producto del esfuerzo de años y este año los frutos aparecieron. Tal vez debería reparafrasear este inciso: la vida me sonrío, pero contribuí a que me sonriera. 

2. Las causalidades se sincronizaron. ¡Si! Después de buscar casa durante varios años, apareció la que buscaba sin esperarlo y estoy en proceso de habitarla. Más de 1460 días de búsqueda y llegó sin avisar. ¡Era para mi y para mi familia cuadrúpeda! ¡Fantástico!

3. Aprendizajes laborales. Nada me resulta más enriquecedor que los aprendizajes inesperados y aquellos que se dan a través de las pequeñas grandes cosas. Siempre digo que el diablo está en los detalles, pero también los pequeños cielos. La suma de cosas cotidianas este año ha sido profundamente enriquecedor. Todo aquello que te mueve de tu zona de confort te obliga a repensar tu lugar en el mundo.  Ello siempre, siempre,  es una oportunidad de crecimiento. Este 2015 fue abundante en ese terreno. Debo añadir que me divertí muchísimo este año en el trabajo. Es un plus.

4. Viajes. Así sin más.  Desde que tengo uso de razón, viajar es un motivo de felicidad en mi vida.  Este año los viajes han sido  aleccionadores, interesantes, productivos y gratificantes. La mayoría han sido laborales y con muy buenos resultados, pero el contexto, la circunstancia y la actitud han hecho de cada uno de ellos una gran experiencia. Contentísima con los nuevos suelos -y algunos ya viejos conocidos- que he pisado.  

5. El amor. ¡Por supuesto que no podía faltar! Mi corazón está que explota de felicidad. El amor ha tocado a mi puerta en muchos sentidos. Con los años me he dado cuenta de las infinitas posiblidades que esa latente y poética víscera puede producir y ahora lo corroboro. Las despedidas me han enriquecido y me han llenado de agradecimiento y los encuentros me han instalado una sonrisa incontenible. Los quereres se han aparecido con infinitos rostros: viejas amistades, familiares queridos y no vistos durante años, seres pequeños que maullan y ladran, hermanas de sangre y hermanas y hermanos por elección.  Quiero y soy querida. ¿Se puede pedir algo más? 

En fin. 

Encuentro que las personas, por una razón que sigo sin descifrar, cuentan y comparten con gran facilidad los sinsabores de la vida. No me escapo de ello. Mi pluma navega con gran fluidez por la hoja en blanco cuando de denunciar se trata, pero me guardo las cosas positivas que también me suceden y vivo.  Hoy lo quiero hacer diferente y me encantaría que me contaras también las cosas valiosas que te sucedieron este año. ¿Te animas?


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domingo, 4 de octubre de 2015

¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

"No te puedes ir antes que el jefe (o la jefa)", "Se ve mal que te tomes mucho tiempo para comer", "Si llegas antes y te vas después haces puntos". Estas son sólo tres de las muchas frases que se escuchan en los pasillos de muchas oficinas, la primera -sobre todo- en las oficinas de gobierno. 

Crecí en un ambiente laboral en el que nadie osaba irse antes de que el jefe se fuera. Si él convocaba a junta a las 8 de la noche, después de haberse ido a comer 4 horas y llegaba a las 7:30 de la comida y se le ocurría convocar a esa hora, impensable decir que no. Los desayunos de trabajo solían extenderse de la misma manera: empezaban a las 9 de la mañana ( a las 8 nadie llegaba) y salían a las 11 de la mañana, lo que hacía que el inicio de la jornada laboral iniciase alrededor de las 11:30.  Después pasé por una fase un poco más estresante, en donde todos los días tenía reunión de equipo a las 8 de la mañana (sin considerar que a las 7 am, cuando ibas rumbo a la oficina tenías que haber leído toda la síntesis de prensa) y por supuesto, para salir a las 7, tenías que haberte levantado por lo menos a las 6 am (después de haberte acostado a la 1 de la mañana pues si bien te había ido, habías salido a las 11 ó 12 de la noche de tu oficina).  

Ese tipo de aprendizaje te forma y deforma al mismo tiempo. Aunque sepas que estar en la oficina "horas-pompa" no es lo más productivo, resulta que mucha genta trabaja así, y lo que es peor, es evaluada en función de ello. 

Hoy nos encontramos con una nueva cultura laboral asociada de alguna forma al mundo de la innovación y los start ups en donde aparentemente, esto ha cambiado. Mi percepción, sin embargo, es que no es así del todo y hoy que me encontré un artículo de Jason Gots, Lets Stop Competing Over Who Can Get at Work the Longest, me di cuenta de que no ando tan perdida.

Si bien los milennials y los nuevos "trabajadores" (que ahora no se llaman así, sino emprendedores, free lancers, socia/s y diversos nombres) no parten de la cultura laboral en la que crecimos quienes hoy rascamos casi cinco décadas, el abandono y descuido personal y los horarios "flexibles" e incontrolables siguen siendo parte del continuum.  Antes era a causa de una estructura laboral jerárquica y poco flexible, hoy es justamente por lo opuesto. La cultura laboral horizontal y amigable tampoco inicita a que quienes trabajan puedan llevar una vida más equilibrada, sana y feliz. 

Parecía que la clave estaba en el tejido burocrático y cultural que le rodeaba. Hoy, si bien ello no ha cambiado en todas partes, si existe mayor conciencia de la necesidad de trabajar de una manera diferente y de equilibrar vida y trabajo.  Suena fácil, pero los hechos demuestran que no es así. Existen nuevas enfermedades asociadas al trabajo y nuevos tipos de malestares: trastornos músculo-esqueléticos, síndrome del tunel carpiano, estrés, enfermedades de la piel, depresión. 
Foto: Frankie Leon / Creative Commons

Sin tener una repuesta definitiva, si es que pudiese existir una,  pienso que la respuesta está en tres factores:
  1. Promoción del trabajo psicológico y espiritual personal
  2. Inclusión en el trabajo de estas variables como parte de los programas de capacitación y desarrollo
  3. Coaching para la vida y el trabajo

No estoy diciendo absolutamente nada nuevo, pero los resultados están dando cuenta de ello. ¿De qué manera pueden tomar las personas buenas decisiones si su vida no sólo no les genera satisfactores sino que no les permite vivir en equilibrio físico, emocional y mental? Cuando las personas duermen poco, comen mal, están estresadas y tienen dolores de espalda, muñeca u ojos por estar horas frente a la computadora, no están en condiciones óptimas para decidir. No hay que ser maga para saberlo.  Tal vez no se sienten mal, pero eventualmente el cuerpo y las circunstancias cobrarán la factura y los resultados no serán favorables en el mediano plazo, ni para ellas ni para la empresa en la que trabajan (sea una institución pública o privada). 

Si a las personas se les enseña a ser creativas, innovadoras, metódicas, si pueden aprender a usar excel, pages, instagram, procesadores complejos y hasta toman cursos para administrar mejor el tiempo, ¿no debería enseñárseles también como algo obligatorio que aprendar a cuidarse, a darse espacios personales para mantener un sano equilibrio y a comer? (¡Si! ¡A comer! Parece que cuando los proyectos son importantísimos, comer puede obviarse y se puede comer sobre el escritorio para maximizar el tiempo y ser más productivos.) Algo hemos aprendido mal en un mundo que ama la especialización y la innovación. Le ganamos tiempo al tiempo, producimos más en menos tiempo, podemos comunicarnos en tiempo real desde diferentes puntos del planeta... pero no hemos aprendido a rescatarnos a nosotros mismos ni a cuidarnos como parte central de nuestra cultura laboral. Irónicamente, hemos aprendido a prescindir de nosotros mismos en aras de la eficiencia. 

Estos puntos de partida no son prometedores: sin cuidarse los costos de salud, aumentan; la productividad declina; el estrés sustituye a la felicidad y esto afecta la vida completa de las personas. No somos seres aislados y nuestra vida profesional, personal, familiar se ve inmediatamente afectada. 

Cuando una persona es capaz de romper este círculo, establecer prioridades en donde ella es indudablemente la primera, apuesta por su salud y es consecuente, los beneficios se sienten de inmediato. Está más contenta, toma mejores decisiones, su salud mejora y ella y su trabajo se benefician. (Recomiendo leer a Shawn Achor, The Happiness Advantage, para explorar más sobre esta perspectiva.)

¿Qué otras opciones propondrías para encontrar este equilibrio?





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martes, 29 de septiembre de 2015

La fórmula bloguera para el éxito: inspiración, perseverancia, investigación

Esta pregunta nos puede quitar el sueño:  ¿De qué escribo en mi blog? ¡No tengo idea ni estoy inspirada!



Empezaría por decirte varias cosas. En primer lugar, ser bloguera no consiste solamente en estar inspirada permanentemente. No conozco a una sola persona en el mundo a quien la inspiración le hubiera hecho llegar lejos de manera permanente.  La fórmula bloguera para el éxito y la presencia es: 

Inspiración + Perseverancia + Investigación

  1. La inspiración es importante, por supuesto, pero no es el único factor que te hará llegar a bloguear de la mejor manera. Tal vez te visiten de vez en cuando Clío, Erato o hasta Terpsícore, pero no serán ellas quienes le den vida, reconocimiento y fortaleza a tu bitácora. Serán tú y tu compromiso. Algo sabría Picasso cuando decía "La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando". 
  2. Sobre la perseverancia hay mucho que decir. Serán tu constancia, firmeza, dedicación y compromiso quienes le darán sentido y fuerza a lo que subes y posteas en tu blog. Por supuesto que a veces simplmente NO dan ganas de escribir. Te invitan a tomar un café, a una cena, tienes sueño, estás cansada, siempre hay pretextos y buenas razones para no hacer click en "editar una entrada".  Al final, nadie te va a reclamar, a menos que hagas copyrighting para alguna empresa o alguien más.  El compromiso es contigo misma y los resultados los recibirás tú. Sólo tú.
  3. Investigación. Si, sé que no suena atractivo, pero hay que hacerla. Todas y todos tenemos momentos de genialidad, tenemos información que puede ser interesante y tenemos conocimiento sobre algo, pero es imposible que sepamos todo sobre todo. Una bloguera o bloguero se reconoce como serio cuando su información es fidedigna, tiene sentido y se ve que ha investigado y conoce sobre aquello que habla. ¿Cómo se logra? Investigando, mencionando las fuentes en las que te basas para escribir, haciendo referencias creíbles sobre lo que planteas. 
 Te dejo aquí algunas referencias útiles para que puedes inspirarte, perseverar e investigar:


¿Tienes otras sugerencias? Cuéntamelas, me encantará conocerlas. Si tienes dudas, escribe tu comentario aquí abajo y lo conversamos.

Saludos.

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