lunes, 8 de septiembre de 2014

Amor y enamoramiento en el trabajo

Seguramente estarás pensando que voy a hablar sobre amor y romance en el trabajo. Estás en lo correcto, pero no desde la óptica que sospecho, te estás imaginando. 

No voy a hablar de relacionarte emocional o sexualmente con alguien de tu oficina o que trabaja en tu mundo laboral.  Voy a hablarte del amor CON el trabajo. 

¿Suena raro? No tanto.

Escuchaba el otro día a Arianna Huffington en su audiolibro On Becoming Being Fearless y en el segundo capítulo me quedé pasmada. Habla la famosa bloguera sobre la manera en que las mujeres nos relacionamos con los hombres y en lo que muchas veces nos convertimos con tal de estar al lado del  sujeto al que decimos amar.  Hemos aprendido culturalmente (y bastante mal por cierto) que parte de nuestro valor radica en tener a un hombre, a una pareja, al lado. Ellos validan nuestro ser en tanto que nos hacen sentir hermosas, atractivas, valiosas y un largo etcétera que conocemos bien las mujeres.  Cuando una relación no funciona, tratamos de hacer que funcione a como de lugar y este "a cómo de lugar" implica la mayor parte de las veces que estamos dispuestas a convertirnos en hule.

Si eres como yo, estarás pensando: claro que no, yo soy autosuficiente, no necesito a un hombre que me valide, tengo valor propio, historia, etcétera. Pero si eres honesta contigo, encontrarás que por lo menos alguna vez (por decir lo menos) viviste una relación en esos términos. 

Yo digo que nos convertimos en hule porque tratamos de ser elásticas a más no poder.  Ampliamos nuestros límites y fronteras a tal punto que descubrimos una elasticidad emocional insospechada en nosotras mismas.  No aceptamos que la relación no funcione como tal: tratamos de hacer que funcione intentando cambiar nosotras… para que el otro cambie y se convierta en lo que queremos o necesitamos que sea.  Asumimos que si las cosas no funcionan es porque no hemos hecho suficiente y podríamos hacer más, a costa de nosotras mismas. 

Con el paso del tiempo, dejamos de ser quienes éramos originalmente y vamos perdiendo paulatinamente nuestra voz, hasta convertirnos en unas completas desconocidas… Desconocemos la imagen de la persona situada frente al espejo, y tampoco comprendemos el alma que se ve en los ojos de esa mujer parada ahí. 

Mencionaba Arianna que los y las expertas en relaciones de pareja señalan que una relación sana saca lo mejor de nosotras mismas y amamos ser quienes somos. Una relación sana nos hace aceptarnos,  nutre y fortalece nuestra esencia. 

En algún momento mi cerebro hizo un click inesperado y parte de lo que ella narraba me sonó a mi propia relación con el trabajo en distintos momentos de mi vida. He empezado al cien por ciento con un compromiso laboral, paulatinamente voy dejando mi vida privada por abrirle espacio, agenda y todo el tiempo del mundo a los compromisos laborales y cuando me doy cuenta el trabajo y yo somos uno mismo.  Le dedico la mayor parte de mi energía, pensamientos, horarios, voluntad y disposición. (Si no te dijera que se trata de una relación laboral, podría parecer una típica relación de pareja. ¿A poco no?)

¿Te suena familiar? Veo a muchas mujeres en mi entorno viviendo  situaciones similares, tanto en lo sentimental como en lo laboral.   ¿Has escuchado la frase: no lo dejo porque no tengo manera de mantener a mis hijos? También he escuchado la frase: no dejo el trabajo porque es la única fuente de ingresos que tengo, y ¿cómo voy a mantener a mis hijos? o ¿Cómo voy a sostener el ritmo de vida que llevo, mis gustos? En fin, puedes ponerle el predicado que quieras.

El común denominador en ambos casos es el temor a dejar lo conocido por algo desconocido. Más vale malo por conocido que bueno por conocer, dice el refrán. 

Cuando una relación es sana, tanto en lo laboral como en el ámbito de la pareja, no hay porque salir de ella. Lo problemático aparece cuando la relación, en cualquiera de las dos esferas no es sana, cuando no somos felices, cuando empezamos a convertirnos en la peor versión de nosotras mismas en una relación de pareja o en una relación de trabajo.  En ambos casos abrir los ojos en la mañana es un suplicio, pues no hay nada alentador por delante, se han acabado los alicientes, la emoción, cargamos con lo que somos y con lo que hacemos pues no estamos contentas con ello. 

En situaciones así hay que hacer una pausa para comprender qué nos está sucediendo. No se trata de tirar todo a la borda y lanzarse al abismo (¡aunque a veces es la opción más sana de todas, hay que reconocerlo!). No podemos exigirle al mundo que sea como queremos nosotras ni que se adapte a nuestras necesidades e inseguridades.

Tenemos que hacer una pausa para vernos a nosotras mismas y comprender qué nos sucede para hacer un cambio.  A veces la solución está, en efecto, en dejar esa relación a un lado y seguir andando. A veces haciendo ajustes, estableciendo límites, recuperando lo que somos, amamos, nos gusta y queremos,  podemos retomar el camino.  Otras, es necesario por salud y hasta por supervivencia dejar todo a un lado, cerrar el ciclo y explorar una nueva ruta. 

En cualquiera de los casos, la cuestión de fondo es hacerle caso a nuestra voz interna, a esa vocecita sabia que sabe lo que nos sucede pero el ego, el "consciente" no nos permite escuchar y nos exige seguirle poniendo atención a lo que el mundo "espera de nosotras" y las demás personas consideran que es lo mejor para nosotras.  Es como cuando somos jovencitas y las personas mayores nos dicen: "Ese muchacho es bueno para ti" y en la versión actual la letanía sería algo así como, "Ese trabajo es bueno para ti". 

¿Te suena familiar? ¿Has vivido momentos en los que el trabajo y tu relación con él han dejado de ser motivo de felicidad y crecimiento para ser un ancla en tu vida, desarrollo, crecimiento y felicidad?  Cuéntame. Me interesa tu experiencia. 


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sábado, 16 de agosto de 2014

viernes, 15 de agosto de 2014

Tomando un café con mis miedos

Hoy me senté a tomar un café con mis miedos. ¿Será asunto de la edad? Los miedos me dan miedo (para eso son), sin embargo, no me paralizan como antes y me gusta verlos a la cara.

Desconozco la razón por la cual desde niñas nos inculcan que el miedo es terrible, algo que uno debe evitar a toda costa y que cuando aparece, hay que huir de él. Como si el miedo fuese a desaparecer solito y como si sólo pudiera uno hacer las cosas cuando éste se va, pero como nunca desaparece sólo y uno espera a que se vaya para hacer algo… sucede que el resultado de esta absurda lógica son la parálisis y la frustración.

¿Los valientes no tienen miedo? ¡Falso! Los y las valientes son esas personas que actúan a pesar de sus miedos. El príncipe valiente es una creación que le ha hecho mucho daño a nuestra sociedad. (¿Por qué no una princesa valiente, por cierto?) Jamás tiene miedo, siempre gana y se enfrenta a los demonios más horribles que la imaginación pueda crear. ¿Hay alguien así en la vida que no sea psicópata?

El miedo es algo muy sano en la vida. A los animales les alerta y ayuda a tomar precauciones. Es una herramienta de supervivencia que traemos incluida a la nacer y nos ayuda a sobrevivir. El miedo alerta los sentidos y nos obliga a tomar precauciones. El problema es que en nuestra compleja sociedad muchos de los miedos son infundados y respondemos a ellos como si nuestra existencia misma fuese de por medio.

Respondemos con la misma actitud ante una amenaza de muerte que ante una creencia… y así vamos por la vida, sin cuestionar las creencias que nos dan miedo. Les damos vida, peso y sobre todo, poder sobre nosotros y nosotras.

Hoy, con una taza de café con leche conversaba con mis miedos, y los encontré…. tan subjetivos, tan absurdos, tan familiares, tan históricos, que no pude evitar darles un abrazo.

En este ejercicio conversacional y un poco para exorcisarlos y ayudarles a decir adiós. inicié una charla en tuiter con el hashtag #mismiedos y encontré respuestas de todo tipo. Al final del camino, todas las personas hemos sentido miedo y lo hemos enfrentado de una u otra forma. Nadie es impasible ante él.

Este fue el inicio de la conversación desde @LaClau: Estoy escribiendo un post sobre las diferentes maneras que tenemos las personas para enfrentar nuestros miedos. ¿Me cuentas cómo le haces?

La primera respuesta fue: Platico con él y le cuento mis miedos. Decirle que es parte de mi y es importante que significa mucho y agradezco esté conmigo y me cuenta que sin mi no existiría… (@madoming63).

No podía faltar la filosofía Jedi ante la pregunta: “Fear is the path to the dark side. Fear leads to anger. Anger leads to hate. Hate leads to suffering.” (@pablolozano) y hasta la complementaron por ahí con sonido y todo: ‪youtu.be/kFnFr-DOPf8 (@hdelamadrid).

Otras personas escriben sobre sus miedos para ponerles nombre y analizarlos en crudo, planear como enfrentarlos y desaparecerlos. (@arelytm76)

Para algunas otras que sean las 7:30 pm y no tener plan resulta aterrador (‪@miss_coffee_cup‬) y sobre todo ¡si es en quincena!

Hay quienes les dan vueltas y de repente, sin más, en plena resignación, se lanzan al vacío (@monirios2) o se ponen a desmenuzarlos, e imaginan el peor de los escenarios y hacen que desaparezca (@Lommx).

En resumidas cuentas, hay tantas maneras de vivir, enfrentar y lidar con el miedo como personas en el planeta.

Creo que nunca mejor aplicada podría ser la frase: por sus miedos les conoceréis.

Y tú, ¿cómo lidas con ellos?


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Imagen: Morgue files. Hotblack

martes, 12 de agosto de 2014

Las decisiones de Hillary y la campaña del 2016

No me parece una casualidad que su libro de 600 páginas acabe de aparecer este verano, justo cuando la contienda por la presidencia en Estados Unidos está a la vuelta de la esquina, en 2016. 

Hay que reconocer algo en Hillary Clinton: su inacabable tenacidad,  audacia, valor, empuje, ambición y olfato político.  Uso la palabra ambición a propósito por una razón: es hora de quitarle la connotación negativa cuando se usa como adjetivo al comportamiento de una mujer. Si un hombre es catalogado como ambicioso, se le aplaude; cuando a una mujer se le dice ambiciosa, el universo levanta la ceja y se percibe como un atributo negativo. La Real Academia dice que una persona ambiciosa tiene un deseo vehemente de algo. Claramente, ella tiene deseo por regresar a la Casa Blanca, pero como titular de la Presidencia. ¿Hay algo de malo en ello? Lo ha dicho hace mucho tiempo. Contendió contra Obama en el Partido Demócrata buscando ganar esa posición. Esta construyendo el camino hacia ese objetivo y lo está haciendo con mucho cuidado y astucia.

Hard Choices es el testimonio de su paso como la 67ava Secretaria de Estado en Estados Unidos durante cuatro años, de 2009 a 2013.  Años turbulentos, sin duda: la explosión de la Primavera Arabe, el regreso de los demócratas al poder con Obama -el primer presidente afroamericano en el país- al frente,  la reconfiguración de la geopolítica de la energía a nivel mundial, China hablándole de "tú a tú" a Estados Unidos como potencia, el cambio climático como tema central de los países, Asia y el TPP como el foco de atención en las relaciones internacionales, Africa como campo de juego de las potencias y como el continente más rico -y deseado por sus recursos naturales- del planeta.  El combate al terrorismo, los drones, la piratería, el nuevo papel de los organismos multilaterales como la ONU en el mapa global, América Latina como la región sin guerras en el mundo y sin embargo con elevados índices de violencia y contrastante desigualdad, la Unión Europea en plena crisis financiera, recrudecimiento de la situación en Gaza, Rusia negándose a perder hegemonía en el mundo y haciéndose presente en Siria, Crimea, Ucrania y Afganistán. El mundo con nuevos temas: la diplomacia digital y la agenda de las mujeres en las relaciones internacionales como parte de la agenda de política exterior de la potencia global. 

El libro me ha generado pensamientos y emociones diversas. En primer lugar, me parece un testimonio necesario de su paso por una posición clave en un país que se niega a dejar de ser la potencia mundial y que tiene que seguir lidiando con un mundo multipolar y de creciente complejidad. Jugada inteligente de Obama el haberla sumado a su equipo en una posición estratégica. ¿Debería ella estar abriendo las cortinas para dejar entrar al mundo, a sus detractores, a sus defensores, a los y las votantes al proceso de toma de decisiones que estelarizó? En el mundo hipercomunicado de hoy, muchas de los cosas que dice no son un secreto: si no las decía ella, posiblemente Wiki Leaks se encargaria de hacerlas públicas o alguien más.  Imagino también que el contenido no debió ser sorpresa para nadie y que debió consensuar tanto con el Presidente Obama como con los y las jugadores clave del establishment la información publicada. No sé si habrá sido igual con todos los personajes que aparecen en su libro: desde Sarkozy hasta Hu Jintao, pasando por sus homólogos Sergei Lavrov y William Hague.

No creo que algunas figuras internacionales hayan tomando del todo bien sus comentarios sobre ellas, como por ejemplo el Presidente Juan Manuel Zelaya de Honduras por "pintoresco" y bueno, ya es irrelevante que mencione a Muamar el Gadafi, nadie se sorprende de que le llame excéntrico. ¿A Sarkozy le habrá gustado que le llamara protagónico? 

En segundo lugar está la pregunta inevitable: ¿Para qué lo publicó? Evidentemente hay un metamensaje detrás de Hard Choices. Quiere demostrar que conoce el mundo, que se codea con los y las políticas, presidentes, jefes de estado y gobierno y las personalidades relevantes del mundo, que conoce la problemática global y que no tiene temor alguno en defender los intereses de Estados Unidos más allá de las fronteras. Ella habla a través de su libro como una líder mundial. Simple y llanamente.  Quiere demostrar que es una posible Presidenta a la altura de lo que su país necesita hoy en el mundo. 

Imagen: Marcn bajo una licencia Creative Commons

Hay ciertas cosas que francamente no me gustaron del libro: ¿América Latina reducida a un capítulo de poco más de 20 páginas? Me gustó y hasta pareció sensible la manera de referirse a la región, aunque no deja de sorprenderme que una región clave y cercana cupiera toda -con su gran complejidad- en un apartado.  Podría perdonarse la reducción, hasta que apareció la expresión fatídica y que tanto odiamos en la región: "Patio trasero". Bastó una sola mención, sólo una,  para tirar a la basura el resto del contenido con respecto a nuestra región.  Imperdonable error cuando todo iba tan bien. ¿Alguno de sus asesores no podía haberle dicho al revisar el texto que podía tirar las buenas intenciones con ello al caño? 

Esto contrasta con el espacio dedicado a China y a Libia, por ejemplo. Sin duda, la forma es fondo, y queda claro que no tan en el fondo, América Latina -México incluido- no es importante en su visión geopolítica y geoestratégica.  No puede obviarse que el embajador de Estados Unidos en Libia, Cristopher Stevens,  fuese asesinado en Bengasi el 11 de septiembre del 2012 y que ella tuviera que dar una explicación amplia y detallada sobre su responsabilidad en ello. Será uno de los temas que seguramente surgirán en la campaña presidencia que se aproxima.

Disfruté, y hubiera querido que fuese más amplio, el capítulo sobre diplomacia digital y el papel de mi estimado Alec Ross en la estrategia global.  Tema de la mayor relevancia hoy en día y que, como bien ha sabido hacer Estados Unidos en distintos momentos históricos, refleja las múltiples dimensiones en las que el país ejerce el poder  y e influye en diversas regiones. Hillary diría que es una herramienta más del poder inteligente, término que emplea y expone a lo largo del texto.

Rescato de libro también la forma en que la política mezcla sus vivencias de mujer con su quehacer al frente del Departamento de Estado. No imagino a un hombre haciendo la crónica de los preparativos de la boda de su hija al tiempo que narra sus avatares en diversos rincones del planeta y que ambos temas le sean de la mayor importancia. Permisos que los hombres no se dan y que, indudablente, dan muestra de que las mujeres observamos la realidad desde otra óptica. 

Hillary tiene otra audiencia, sin temor a equivocarme, en mente: las mujeres. La mitad de las votantes y las no votantes pero que serán las mujeres jóvenes que tomarán decisiones mañana. El empoderamiento de las mujeres es, ha sido, su causa y este libro en ese sentido es un testimonio de ello para las líderes del futuro.  Le dedica un amplio espacio y reconocimiento en Hard Choices a Melanne Verveer, amiga, ex Chief of Staff de su equipo como Primera Dama en la Casa Blanca y Embajadora de Estados Unidos para Asuntos Globales de la Mujer. Primer nombramiento de esta naturaleza en el mundo.

Por mi parte, debo decir que me gustaría que ganara la Presidencia de Estados Unidos. Me estoy adelantando, ya lo sé, pero por especular no pierdo nada. En el Continente Americano hay 5 jefas de Estado y de Gobierno: Michelle Bachelet en Chile, Dilma Rouseff en Brasil,  Cristina Kirchner en Argentina, Kamla Persad-Bissessar que en mayo de 2010 se convirtió en la primera mujer que ocupa el cargo de Primera Ministra en la República de Trinidad y Tobago y Portia Simpson Miller  Primera Ministra de Jamaica. Una ironía que no sea el país más poderoso de la región quien pueda contar esta historia. 

Si te interesan las relaciones internacionales, el liderazgo de las mujeres y los nuevos temas de la agenda global, no debes perderte este libro.  Es un testimonio necesario sobre la historia reciente del mundo.

Te invito a que lo comentemos cuando lo leas, y si ya lo leíste, ¿qué opinión te merece?


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