domingo, 11 de septiembre de 2011

11 de septiembre, 10 años después. ¿Qué cambió?


Imposible de olvidar. El 11 de septiembre nos marcó a todos en el planeta, estemos o no conscientes de ello.

Recuerdo bien ese día y los días previos. Recibí una llamada mientras estaba bañándome para ir a la oficina. Salí dejando un rastro de agua desde la regadera hasta el teléfono y después hasta la televisión. "¿Estás viendo las noticias?" "¿De qué me hablas? ¡Me sacaste de la regadera!" "¡Está pasando en Estados Unidos!"

Mi mente voló a toda velocidad y pensé que la llamada se refería a las noticias del viaje del que venía regresando. Unos días antes el Presidente Fox había estado en visita oficial en el país vecino, y todos los que viajamos en la Comitiva y como equipo de trabajo estábamos emocionados por las perspectivas de la relación bilateral. Por fin, una nueva relación equitativa entre México y Estados Unidos. Teníamos unas ganas enormes de que ESA fuera la realidad. Después de la visita oficial a Washington, el Presidente viajó a la Conferencia de las Américas en Miami y de ahí a México. Como el final del viaje coincidía con el fin de semana, decidí pasar ese par de días visitando amigos por allá y regresé el lunes 10 a la Ciudad de México.

Al prender la televisión y ver las noticias no entendía absolutamente nada de lo que estaba sucediendo. Una de las Torres Gemelas en llamas y un par de segundos después un avión estrellándose en la segunda torre. ¿Estoy viendo bien? Llegué a pensar, literalmente, que estaba soñando y que en realidad no me había despertado. La voz del otro lado del teléfono me hizo reaccionar y darme cuenta de que no era un sueño.

Mi mente se quedó en blanco para dar paso segundos después a centenares de preguntas. ¿Quién había hecho eso? ¿Qué significaba? ¿Qué pasaría en el mundo? ¿En México? Cambié de canal. Todos los noticieros transmitían las mismas imágenes y no había información en canal alguno que aclarara los hechos. Noticieros, informadores y audiencia: igual de desinformados y confundidos.

Me vestí a toda velocidad y llegué a la oficina. Llamadas telefónicas en el camino. ¿Qué significa eso? ¿Cuál era la posición del gobierno mexicano? ¿Alguien tenía información que aclarese el asunto? Amigos y familia hablándome a mi para saber algo...y yo igual de confundida que todos.

Conforme fueron pasando las horas y dándose a conocer más detalles de los hechos, todo fue aparentemente quedando en claro, al menos en la versión oficial. Lo que había sucedido había sido producto de un atentado terrorista, sentí frío. En alguna parte apareció la noticia de que quienes habían estrellado uno de los aviones contra las Torres Gemelas habían salido del aeropuerto de Miami al mismo tiempo que estaba yo en él, haciendo tiempo para regresar a mi país. Los amigos que estaban en NY ¿estarían bien? No se sabía nada de ellos. Incomunicados. Muchos mexicanos, como muchas personas de todas partes del mudo y estadounidenses, habían muerto en ese terrible hecho.

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Hoy, diez años después, recuerdo esos momentos como si hubieran sido ayer y me pregunto qué tanto ha cambiado el mundo. En 1989, cuando se derrumbó el Muro de Berlín, tuve la certeza de que los referentes a partir de los cuáles había estudiado al mundo y la teoría de las relaciones internacionales fundamentada en un mundo bipolar había llegado a su fin. ¿Cómo podía explicarse el mundo? ¿Como un espacio multipolar? ¿Había llegado el final de la historia que en su momento augurase Fukuyama? ¿Qué significaba en 2001 que el terrorismo hubiera llegado al corazón del Imperio Americano y tocase sus símbolos hasta desintegrarlos y dejarlos como polvo?

Diez años después veo un mundo sumergido en la violencia, nadando en un universo de información que no aclara nada y en la cual se mezclan la ignorancia "informada" y la falta de brújulas para navegar en esta realidad. Los viejos enemigos son ahora amigos, los enemigos son indefinibles y tienen ahora rostro de musulmanes, de la Santa Muerte o de hackers. El miedo ha permeado el vocabulario de todas las personas, la incertidumbre y el temor se han llevado la esperanza de los adultos y le arranca a los niños y a los jóvenes el derecho a tener ilusiones y ganas de un futuro promisorio. El enemigo hoy puede estar en la puerta de madera del vecino de la casa de al lado. Tenemos miedo de salir a la calle. Los delincuentes están en las calles y los que pedimos justicia estamos encerrados tras las rejas de nuestras casas para cuidar nuestra libertad. Vaya paradoja.

El mundo ha cambiado, y sin embargo, muchas cosas siguen igual: 44 millones de personas en el mundo viven en pobreza extrema, en el 2009 el gasto militar en el mundo fue de 1531 miles de millones de dólares, los conflictos armados vigentes hipotecan el futuro de 28 millones de niños en el mundo....

En efecto, cambiaron las certezas del mundo bipolar, pero la violencia, la marginación y el subdesarrollo no han desaparecido. Hay nuevos villanos en el cuento que todos nos contamos, pero los marginados de siempre lo siguen siendo y los males de siempre siguen presentes.

Entonces ¿Qué cambió?


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