domingo, 19 de junio de 2011

La veterinaria, su esposo, la mamá y la cachorra. Mi colaboración en Animal Político.

He tenido algunas semanas para pensar si publicaba este texto y mi conclusión final ha sido que sí. El silencio siempre resulta el mejor cómplice de los abusos y mantenerme callada era una manera de aceptar el abuso del que mis perras y yo fuimos objeto.

Les cuento nuestra historia.

En marzo pasado dos perritas llegaron a mi vida: madre y cachorra. La primera con un nivel de desnutrición impactante -al punto que era fácil acomodar un dedo entre sus costillas- y con la cadera rota -posiblemente fruto de una patada o de un atropellamiento. La segunda, la única bebé que quedaba de su camada, muy tímida y temerosa, pequeña y con una inmensa barriga llena de lombrices.


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