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¿Vivir para trabajar o trabajar para vivir?

"No te puedes ir antes que el jefe (o la jefa)", "Se ve mal que te tomes mucho tiempo para comer", "Si llegas antes y te vas después haces puntos". Estas son sólo tres de las muchas frases que se escuchan en los pasillos de muchas oficinas, la primera -sobre todo- en las oficinas de gobierno. 

Crecí en un ambiente laboral en el que nadie osaba irse antes de que el jefe se fuera. Si él convocaba a junta a las 8 de la noche, después de haberse ido a comer 4 horas y llegaba a las 7:30 de la comida y se le ocurría convocar a esa hora, impensable decir que no. Los desayunos de trabajo solían extenderse de la misma manera: empezaban a las 9 de la mañana ( a las 8 nadie llegaba) y salían a las 11 de la mañana, lo que hacía que el inicio de la jornada laboral iniciase alrededor de las 11:30.  Después pasé por una fase un poco más estresante, en donde todos los días tenía reunión de equipo a las 8 de la mañana (sin considerar que a las 7 am, cuando ibas rumbo a la oficina tenías que haber leído toda la síntesis de prensa) y por supuesto, para salir a las 7, tenías que haberte levantado por lo menos a las 6 am (después de haberte acostado a la 1 de la mañana pues si bien te había ido, habías salido a las 11 ó 12 de la noche de tu oficina).  

Ese tipo de aprendizaje te forma y deforma al mismo tiempo. Aunque sepas que estar en la oficina "horas-pompa" no es lo más productivo, resulta que mucha genta trabaja así, y lo que es peor, es evaluada en función de ello. 

Hoy nos encontramos con una nueva cultura laboral asociada de alguna forma al mundo de la innovación y los start ups en donde aparentemente, esto ha cambiado. Mi percepción, sin embargo, es que no es así del todo y hoy que me encontré un artículo de Jason Gots, Lets Stop Competing Over Who Can Get at Work the Longest, me di cuenta de que no ando tan perdida.

Si bien los milennials y los nuevos "trabajadores" (que ahora no se llaman así, sino emprendedores, free lancers, socia/s y diversos nombres) no parten de la cultura laboral en la que crecimos quienes hoy rascamos casi cinco décadas, el abandono y descuido personal y los horarios "flexibles" e incontrolables siguen siendo parte del continuum.  Antes era a causa de una estructura laboral jerárquica y poco flexible, hoy es justamente por lo opuesto. La cultura laboral horizontal y amigable tampoco inicita a que quienes trabajan puedan llevar una vida más equilibrada, sana y feliz. 

Parecía que la clave estaba en el tejido burocrático y cultural que le rodeaba. Hoy, si bien ello no ha cambiado en todas partes, si existe mayor conciencia de la necesidad de trabajar de una manera diferente y de equilibrar vida y trabajo.  Suena fácil, pero los hechos demuestran que no es así. Existen nuevas enfermedades asociadas al trabajo y nuevos tipos de malestares: trastornos músculo-esqueléticos, síndrome del tunel carpiano, estrés, enfermedades de la piel, depresión. 
Foto: Frankie Leon / Creative Commons

Sin tener una repuesta definitiva, si es que pudiese existir una,  pienso que la respuesta está en tres factores:
  1. Promoción del trabajo psicológico y espiritual personal
  2. Inclusión en el trabajo de estas variables como parte de los programas de capacitación y desarrollo
  3. Coaching para la vida y el trabajo

No estoy diciendo absolutamente nada nuevo, pero los resultados están dando cuenta de ello. ¿De qué manera pueden tomar las personas buenas decisiones si su vida no sólo no les genera satisfactores sino que no les permite vivir en equilibrio físico, emocional y mental? Cuando las personas duermen poco, comen mal, están estresadas y tienen dolores de espalda, muñeca u ojos por estar horas frente a la computadora, no están en condiciones óptimas para decidir. No hay que ser maga para saberlo.  Tal vez no se sienten mal, pero eventualmente el cuerpo y las circunstancias cobrarán la factura y los resultados no serán favorables en el mediano plazo, ni para ellas ni para la empresa en la que trabajan (sea una institución pública o privada). 

Si a las personas se les enseña a ser creativas, innovadoras, metódicas, si pueden aprender a usar excel, pages, instagram, procesadores complejos y hasta toman cursos para administrar mejor el tiempo, ¿no debería enseñárseles también como algo obligatorio que aprendar a cuidarse, a darse espacios personales para mantener un sano equilibrio y a comer? (¡Si! ¡A comer! Parece que cuando los proyectos son importantísimos, comer puede obviarse y se puede comer sobre el escritorio para maximizar el tiempo y ser más productivos.) Algo hemos aprendido mal en un mundo que ama la especialización y la innovación. Le ganamos tiempo al tiempo, producimos más en menos tiempo, podemos comunicarnos en tiempo real desde diferentes puntos del planeta... pero no hemos aprendido a rescatarnos a nosotros mismos ni a cuidarnos como parte central de nuestra cultura laboral. Irónicamente, hemos aprendido a prescindir de nosotros mismos en aras de la eficiencia. 

Estos puntos de partida no son prometedores: sin cuidarse los costos de salud, aumentan; la productividad declina; el estrés sustituye a la felicidad y esto afecta la vida completa de las personas. No somos seres aislados y nuestra vida profesional, personal, familiar se ve inmediatamente afectada. 

Cuando una persona es capaz de romper este círculo, establecer prioridades en donde ella es indudablemente la primera, apuesta por su salud y es consecuente, los beneficios se sienten de inmediato. Está más contenta, toma mejores decisiones, su salud mejora y ella y su trabajo se benefician. (Recomiendo leer a Shawn Achor, The Happiness Advantage, para explorar más sobre esta perspectiva.)

¿Qué otras opciones propondrías para encontrar este equilibrio?





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