lunes, 20 de octubre de 2008

Eran las 6 de la tarde


Eran las 6 de la tarde cuando tomé la carretera. Si hubiera sabido, hubiera hecho el recorrido antes. Mientras me ponía los lentes oscuros pensaba que quisiera llevarte el sol anaranjado y gigante que me deslumbraba para que lo vieras y su luz te iluminara. Por momentos lo vi como caleidoscopio detrás del volante y mis lágrimas. 

Esa carretera la recorrimos juntas, cientos de veces, sentadas en el asiento trasero del coche de tu papá, jugando a sacar la cabeza por la ventana para que el conductor que manejaba en el coche de atrás nos descubriera. ¡A veces le sacábamos la lengua! 

Recuerdo que en esos viajes de fin de semana en algún momento nos enojábamos y eventualmente te enfermabas de la garganta por tanto entrar y salir de la alberca y porque corríamos por todos lados a todas horas, sin importarnos el frío o el calor. Tengo tan presente esa imagen en mi cabeza:  estar sentada frente a ti, literalmente viéndote la campanilla y la garganta mientras llorabas porque tenías que tomarte unas pastillas gigantes de un solo trago, proceso que se convertía en un canto alternado entre sollozos, sorbos de agua y quejas. Yo sólo te veía.

El regreso a la ciudad los domingos en la tarde no era tan divertido. Veníamos calladas, en el mismo asiento de atrás, cada una sumergida en sus propios pensamientos. Yo quería llegar a mi casa. 

En esta ocasión viajaba yo sola por ese conocido paisaje, más de 35 años después. Venía recordando esos momentos y dirigiéndome al mismo lugar, tu casa, a esos árboles gigantes que  nos asustaban de noche y a los recuerdos de la infancia. Te iba a visitar.  La carretera, que me se casi de memoria, me acompañó, junto con música de Juanes. Hubiera querido que fuésemos las dos cantando, como en los viejos tiempos y riéndonos.

No dejé de hacerme preguntas cuya respuesta jamás conoceré. ¿Por qué no fui antes? ¿Qué fue tan importante que me mantuvo ocupada tanto tiempo? ¿Qué me dirías? ¿En qué momento nuestras eternamente paralelas historias se bifurcaron y seguimos queriéndonos y cercanas sin vernos tanto?  

Siempre has estado cerca. Siempre has formado parte de mi vida. Siempre estarás. 

Imágenes: Mondotrendy, ioffer.

4 comentarios:

PEDRO DELGADO dijo...

Bonito relato y preciosa foto.
A todos nos pasa que vamos dejando cosas atrás; quizás no sabemos priorizar su importancia.

Saludos flamencos desde acá para allá.

LaClau dijo...

Hola Pedro. Es cierto, vivir significa también aprender a dejar cosas atrás y a seguir con la vida y lo que nos ofrece, disfrutándolo y reconociendo su valor.
Saludos mexicanos de "retache".

Itzia dijo...

Idem de Pedro hasta el punto despuès de foto. Salu2

LaClau dijo...

Hola Itzia,
Qué bueno encontrarte por acá.
Un beso,

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