lunes, 19 de octubre de 2009

Atrapada en El Atico

Mi querido amigo Víctor Espinoza me hizo llegar una sorpresa en días pasados con la cual me regaló un trozo, literalmente, enorme de felicidad. Llegó vía mensajería su último libro, directo y sin escalas, desde Tijuana: El Atico.

De entrada, la portada me hizo darle vueltas al cajón de los recuerdos que todos llevamos por dentro. De manera sencilla e invitadora su libro nos atrapa con una pintura en la que se encuentra esa covacha que siempre llevamos en alguna parte con memorias e imágenes de otros tiempos. En este caso, un balón de futbol, el submarino amarillo de los Beatles, una foto del cuarteto de Liverpool, y una bandera de su natal Tecate se vislumbran gracias a la luz que la ventana de la portada nos permite ver en tonos cafés, cobrizos y amarillentos.

Disfruté cada página y cada recuento de sus días, y noches. Se trata de una recopilación de artículos, presentaciones y vagabundeos (que se le dan muy bien) entre 1999 y 2007 en la que nos lleva de la mano por ese lugar tan especial, lleno de particularidades, tierra y sol como es la frontera entre México y Estados Unidos, particularmente en la zona de California (la ex nuestra y la nuestra). Esa frontera, que a pesar de estar dividida tiene una identidad propia en la que el muro se ha convertido en parte de la vida cotidiana de quienes la cruzan, habitan y padecen a diario y forma parte del "ser" de quienes crecieron con y en ella.

Así es que Víctor, con su particular pluma, llena de frescura, ironía, observación, disfrute, cachondeo y claridad norteña nos cuenta cómo son los bailes de las bandas que cantan narcocorridos, los recorridos familiares y "mueganosos" de fin de año por "la Baja", los encuentros con intelectuales en las Ferias del Libro (Guadalajara, Monterrey, DF, España), en fin. Se trata de un infinito número de periplos y encuentros con el mundo visto desde sus ojos y narrados con un gusto que hace imposible dejar el libro (sólo puede hacerse para cuestiones absolutamente inevitables). Nos encontramos con sus despedidas -gracias por compartirlas- con sus encuentros (¡qué tal, con Germán Dehesa!), con sus añoranzas e imaginación.

Como buen académico, no puede dejar pasar los datos duros y el análisis político y sociológico que acompañan el viaje de su memoria. No se conforma con ser un gran escritor, tiene que hacer patente que también evolucionó como sujeto social y se convirtió, por momentos, en su propio objeto de estudio. Acompañado por música de los Beatles nos cuenta su participación como estudiante en la huelga de su natal Universidad; su crítica hacia la represión bajo la mano del Gobernador Roberto de la Madrid; su paso por CENCOS; por Madrid.... por todos los lugares que una mente creativa e inquieta puede rondar. De ser sujeto revolucionario, pasó a ser ciudadano en acción y testigo de los hechos en la historia reciente de México, de su estado y del mundo.

Cierra su libro con dos deliciosos cuentos de uno de sus hijos: Julián. Hijo de tigre...pintito, dicen por ahí, y el chiquillo pinta para dar más lata que el papá y para hacerse dueño de un mundo narrado y escrito fuera de serie.

¡Socio! Gracias por este regalo, fuiste el causante de un disfrutable fin de semana. Desde las cuerdas un abrazo cibernético.


Víctor Alejandro Espinoza Valle, El Atico, (México: Colección sin límites/Centro Cultural Tijuana/Ediciones Eón, 2009), 173 p.

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