lunes, 12 de octubre de 2009

Tenía treinta años

Observaba la tarde lluviosa sentada junto a la venta del cuarto, ese cuarto que habían compartido juntos. ¿Por qué? ¿Qué hice mal? ¿Qué podría haber hecho diferente? Preguntas sin respuesta o cuya respuesta llegaba fuera de tiempo cuando ya no era posible pegar los pedazos rotos de la relación que habían tenido durante más de quince años.

Se casaron cuando ella acababa de cumplir treinta. Qué feliz fué. Se sentía en plenitud, llena de vida, proyectos, ganas. Su vitalidad era visible para todos, la fuerza con que hablaba, caminaba, se movía, discutía. Sabía que era una mujer hermosa, no apabullante, simplemente hermosa y atractiva. Gran conversadora, arte que cultivó al paso de los años para desafíar a esa niña tímida y silenciosa que fue y que creció entre las paredes de la casa colonial de sus padres. ¿Miedo? Tenía miedo de no tener miedo cuando el resto de los mortales vivían abrazados a él ante cualquier desafío. Le gustaban los retos, las posibilidades imaginables, la idea de construir realidades que pasaban fugazmente por su cabeza.

El, diez años mayor que ella, siempre la admiró y deseó. Se perdía en la vitalidad de los brazos y las piernas de esa mujer que sabía que con una mirada podía doblegarlo sin el mayor problema. El disfrutaba dejándose seducir, ella seduciéndolo. La vida para ella era algo ligero, disfrutable, sin cargas. Para él representaba mayores complicaciones y la frescura de su sonrisa y manera de despertar lo hicieron instalarse en su compañía sin la menor duda.

Así transcurrieron los años, y en ellos el enamoramiento y la sorpresa dieron paso a la comodidad y la costumbre. La sorpresa quedó perdida en algún baúl o caja y no la volvieron a encontrar. Sabían lo que les gustaba, lo que les molestaba, lo que les hacía sentir bien, seguros y a los quince años la certeza de su compañía era lo que definía el color grisáceo de la relación.

Un día, ESE húmedo e insípido día, ella descubrió que las certezas habían navegado a otro puerto. Ella no era la misma de hacía quince años, empezaba a sentir el peso de las responsabilidades que él vivía y sentía cuando se casaron. La vida adquiría otra dimensión y ella trataba desesperadamente de encontrar la frescura que recordaba y la alegría de existir...que alguna vez había sentido.

El seguía siendo ese hombre que envuelto en la cobriza seriedad de sus, ahora, cincuenta y cinco años, buscaba sonrisas fuera de si. Las encontró. Las encontró en otra mujer, que como ella hacía lustro y medio, desafiaba al mundo con su seductora frescura y con la certeza de saber que era hermosa y que con una mirada podía doblegar a quien quisiera. Esa mujer de treinta años a quien había doblegado era a su esposo...y ella ya no cabía en esa historia.

Imagen:blogia.com

4 comentarios:

AMOROSAMENTETUYO dijo...

Hola:

La situación del hombre de edad madura (55años), que encontró sonrisas externas en otra mujer más joven, es triste y lamentable, pero sobre todo para él, pues lo único que denota es que se enamora de la imagen, de lo fácil, pero no va más allá de ello, eso cualquiera lo hace! ese es un comportamiento chabacano!

Enamorarse de alguien, implica madurar el sentimiento y la emoción, de tal suerte que el matrimonio o la relación de pareja pueda seguir siendo un noviazgo permanete a lo largo de toda la relación.

Enamorarse de alguien y hacer que esa otra persona se enamore de uno, es todo un arte, es una ciencia, es parte de un conocimiento oculto al que no cualquiera tiene acceso!

El arte del amor, implica encontrar un motivo todos los días por el cual continuar enamorado de la pareja, no importa que el motivo se pueda repetir al otro día.

Encotrar motivos para seguir enamorado, por otro lado es muy sencillo, se hallan el la mirada cariñosa del ser amadado, en su sonrisa, en el tomar a la pareja de la mano, en darle un abrazo constantemente sin que te lo pida, en caminar por la calle sin prisas, a pesar de que este lloviendo y los dos se esten mojando.

Los motivos se encuentran, cuando juntos escuchan una linda melodía, no importa si es en el carro o en la casa, el motivo para continuar enamorado radica en el apoyo permanete, en el compartir derechos pero también responsabilidades, en decir te quiero todos los días sin que se prostituya o abarate el término.

Encontrar motivos para seguir enamorado, es fácil cuando se logra conocer a la persona, y no me refiero a sus gustos o molestias, sino al conocimiento del alma del ser amado!

Encontrar motivos para seguir enamorado es muy fácil, si se conoce el arte y la ciencia del amor!

Lo difícil es que el amor, parece ser un arte antiguo perdido, que pocos se atreven a buscar y menos a practicar su profundo conocimiento, pues requiere tiempo, paciencia, mucha tolerancia, respeto y madurez, comunicación, cariño y pasión permanete y desmedida!

Como hombre, enamorarse significa , ser el amigo el complice, el confidente, el compañero, el amante y el novio, durante el transcurso de la relación con la mujer!, eso es lo que mantiene la frescura en la relación e impide caer en la monotonía y la costumbre.

Por otro lado, la mujer que ya no cabía en la historia, debe de sentirse agradecida y privilegiada, pues aunque no lo crea, siempre cabe la posibilidad, de que un día la vida le lleve a alguien que toque su corazón y lo transforme nuevamente, para continuar con sorpresas y la posibilidad de volverse a enamorar y sentir el verdadero amor, el permanente, el que nunca abandona.

Esa mujer que ya no tuvo cabida, siendo tan atractiva y hermosa, con esa capacidad de enfrentar sus miedos, con esa fuerza y con esa capacidad para conversar, sin lugar a dudas, es un ser que seguramente encontrará el amor permanente, ese que cura y que hace pensar que los descalabros anteriores valieron la pena, cuando se comprueba que el amor definitivo llegó para no irse jamás; los otros sólo fueron ensayos amorosos que no culminarón la puesta en escena!

Lo importante en el amor, es que la vida siempre nos presenta una nueva oportunidad, y que esta llega cuando menos se quiere o se piensa!, eso lo hace maravilloso, pues lo llena todo de sorpresa y alegría y nos enseña que la felicidad llega cuando uno aprende a quitarse los apegos!

El amor verdadero llega, cuando uno aprende a valorar lo imporante, cuando uno descubre la maravilla que encierra la simpleza y majestuosidad de una flor entregada en mano.
El amor verdadero, el definitivo, siempre llega!

Eso es lo importante para la mujer que ya no tuvo cabida!

Un beso!
Amorosamentetuyo

LaClau dijo...

Querido Amoroso,
¿Me dejarías copias tu respuesta como una entrada? Quiero compartirla....
Un abrazo,

AMOROSAMENTETUYO dijo...

Hola Clau:
Seguro que si, es toda tuya!
Otro abrazo para ti!

LaClau dijo...

¡Gracias! Amoroso!!!

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