sábado, 13 de febrero de 2010

Sobre el destino de un país que discrimina su talento

Dedicado a Lucas y a su espíritu emprendedor

"Dígale que vamos a tardar como dos horas" me dijo, mientras con una sonrisa me vía por el espejo retrovisor. Estaba hablando por teléfono y le decía a la persona que me esperaba que acababa de tomar el taxi y que tardaría el tiempo correspondiente al trayecto entre mi casa y su oficina. Lucas hizo la broma y esperó a ver mi respuesta, que fue "cuando tardan tanto tiempo en llevarme acostumbro no pagar". Los dos nos reímos fuerte y seguimos conversando durante el trayecto. "Me ganó señorita" respondió.

A lo largo de nuestra conversación, que lamentablemente duró solamente 40 minutos, supe de la vida de Lucas y Basílica, su esposa. El nació en Oaxaca y vivió durante doce años, "del otro lado", es decir, en Estados Unidos. Un mexicano valiente más que no encontró posibilidades en un país que lo único que le tenía garantizado proviniendo de uno de los dos estados más pobres del país, eran miseria y marginación. Se fué "pa´ll'a" y trabajó con una empresa constructora que le hizo viajar desde California hasta Nueva York, pasando por todo lo que hay a la mitad. Conoce Estados Unidos bien, aunque haya vivido como ilegal. Conoció a su mujer también allá, ella es venezolana y tienen dos hijas.

Regresó a México porque vivir de ilegal no es fácil y ya no era posible estar viajando cada 3,4 u 8 semanas de una ciudad a otra con toda la familia, sin destino claro y dependiendo de las necesidades de la empresa constructora. Ganaba bien, "había semanas que llegaba a ganar hasta tres mil o cuatro mil dólares, y si los sabes usar y no los gastas en alcohol o mujeres, puedes ahorrar". Regresó a su país hace dos y vive en la Delegación Tláhuac, en la Ciudad de México.

A lo largo de la conversación, no deja de sonreír un momento y observo su perfil desde el asiento de atrás. Es de edad indefinida, con actitud inocente y aire de ingenuidad. Su piel es oscura en tono café, su pelo negro e hirsuto, ojos rasgados y tiene bigote ralo sobre sus labios. Sus rasgos son característicos de la mixteca oaxaqueña. No debe ser alto pues su cabeza apenas llega al recargador del asiento.

Además de ser taxista y de conocer esta megalópolis mejor que muchos colegas suyos que llevan años en el oficio y que han nacido aquí, estudió para electricista "y tiene su página web". Vive en su casa, tiene un par de terrenitos, unos departamentos que construyó y que renta y está a punto de meter dos coches al sitio de taxi, uno para manejarlo y otro para que se lo trabaje alguien. Habla inglés, mixteco (dialecto indígena de su tierra) y español.

Mientras lo escucho mi mirada observa a un hombre valiente, a quien la marginación y discriminación que se vive en este país no detuvo. A sus 38 años, me dice su edad después de preguntarme cuántos años le calculo, ha vivido como ilegal en una tierra que no es la suya. Cruzó la frontera arriesgando la vida y su trabajo permitió, junto con el de muchas otras personas que hacen el mismo recorrido que él al otro lado del Río Bravo, que la economía mexicana se sostuviera. Las remesas han sido la principal fuente de ingresos de México, seguidas por los ingresos petroleros.

Al regresar hace dos años aquí con su familia, solicitó trabajo en el sitio de taxis turísticos del J.W. Marriot, el cual había emitido una convocatoria solicitando taxistas que hablaran inglés. Al llegar, después de observarlo de arriba a abajo y de pedirle el título de la academia en la que había aprendido inglés, le dijeron que no podían darle esa ocupación. ¿La razón aparente? No tenía título de escuela alguna de inglés, no importaba que lo hablara perfecto después de haber vivido doce años en Estados Unidos, no tenía siete referencias de personas que pudieran avalar su "calidad" y trabajo y además no lo escribía ni leía bien. Me pregunto si la persona que entrevistaba tenía un TOEFL de 700, porque si así era, no creo que estuviera trabajando en un sitio de taxis.

Sentí enojo al escuchar eso. Era evidente que esa no era la razón, que la Ley en contra de la discriminación había servido para nada una vez más en este país de la simulación y la cadena hotelera, sin saberlo, se había perdido del talento y valía de una gran persona.

Las autoridades y muchos mexicanos se preguntan por qué es que "los malos mexicanos" se van de aquí a buscar oportunidades a un país que no los quiere y los trata mal. Siempre me he preguntado y visto con vergüenza que mexicanos como Lucas prefieren irse a Estados Unidos, vivir fuera de la legalidad migratoria y ser discriminados allá, pero tener oportunidades y poder construir un futuro para ellos y sus familias, que quedarse en "su tierra", ser discriminados aquí y ver su futuro cancelado porque este país no les da alternativas, posibilidades ni reconoce su talento.

Si Lucas pudiera regresar "al otro lado" de manera legal, construiría un futuro de abundancia y posibilidades para sus hijos y tendría una vejez tranquila junto con Basílica. Podría ampararse en las leyes, ahorrar, abrir negocios con el empuje que tiene, dar trabajo a otras personas y vivir mejor. A pesar de vivir a escondidas y saltando de una ciudad a otra, "tenía mejor calidad de vida que aquí". Es indudable.

Estados Unidos no es la panacea, pero es tierra de oportunidades, inclusive, para personas que tienen cosas en contra: no hablar su idioma, tener educación básica y llegar cruzando la frontera gracias a las artes de un pollero.

¿Alguien se ha sentado a analizar el costo financiero, social, político que la discriminación tiene para México? Ni qué decir ya de la corrupción, la inequidad y la ineficiencia.

Un país que discrimina su talento, simplemente, no tiene futuro.

2 comentarios:

AMOROSAMENTETUYO dijo...

Hola Clau:

México, a pesar de todo lo hermoso y grande que es, también desgraciadamente tiene una serie de canceres que lo carcomen rápidamente, entre ellos, se encuentra además de la pobreza de más del 50% en su población, la corrupción, el narcotráfico, el secuestro, el desempleo, la delincuencia, la falta de solidaridad (ésta solo se presenta en catastrofes, pero no en el día a día),la indiferencia, así como también un alto índice de discriminación, discriminación del rico hacia el pobre, del rubio hacia el moreno o el negro, del citadino hacia el campesino, del bonito hacia el feo, del educado hacia el analfabeta, del fuerte hacia el débil, discriminación hacia quien tiene una discapacidad fisica o capacidad diferente.

Lamentablemente México es un país altamente discriminatorio, pero la respuesta o solución para salir de este flagelo, se encuentra una vez más en la educación y el orden.

La Educación es y debe significar la solución a casi todos los problemas por los que pasa nuestro país.

El caso de Lucas no es sino el reflejo de más de un millón de mexicanos, que anualmente nuestro país expulsa hacia el vecino país del norte para pasar lo indecible.

Lamentablemente no todos tienen la fuerza de espíritu que Lucas, ni su perseverancia ni su suerte, pues muchos mueren en el intento de atravesar los desiertos, o bien consiguen trabajos mal pagados, que no les permiten regresar a su tierra, en mejores condiciones de las que tenían cuando la dejaron para partir hacia otro país extraño.

Que interesante experiencia el haber conocido a tan especial personaje como Lucas, debo decir que me gustaría conocerlo y tal vez me gustaría poder vivir aunque sólo fuera por momentos una experiencia como la de él, pues es la forma en que se labran los verdaderos hombres (bueno también hay muchas otras), pero sin lugar a dudas la satisfacción que él debe sentir por su manera de haberse formado y esculpido personalmente a golpe de esfuerzo y sacrificio debe ser enorme!

Particularmente la narración de la experiencia vivida por Lucas, difícilmente la pude haber encontrado a lo largo de mi paso por la universidad o mi posgrado.

hoy en día podría cambiar todo por vivir algo así, sin importar todos los sufrimientos, si al final me hiciera mejor ser humano y me permitiera regresar como regreso Lucas!

Tal vez algún día tome mi mochila y emprenda una gran aventura como esa! (claro que pasaría por avión y con visa).

Que fantástica experiencia el haber conocido a lucas!
Muchas gracias
Amorosamentetuyo

LaClau dijo...

Querido Amoroso,

Me gustó tu definición, efectivamente, el racismo y la discriminación son una enfermedad que CARCOME el espíritu de esta país.

¿La solución? Cambio en la cultura en general y la cultura política. El paternalismo nos ha dado como resultado, entre otras cosas, una sociedad que es incapaz de visualizar como iguales a quienes lo somos en esencia y a generar oportunidades para que podamos todos ser reconocidos como tales. Se es paternalista porque de antemano se discrimina a otro ser al tratarlo como inválido e incapaz; por ello necesita condiciones de desigualdad para seguir siendo diferente y no poder llegar jamás a ser todo lo que su potencial amerite.

A esto se le suma la profunda ignorancia que existe, producto también del paternalismo. Si educas a las personas en un sentido de igualdad...la fuerza en la que estás sentado: paternalismo-corporativismo se perderá y a la larga tendrás que cederle el poder y dialogar con esos seres a quienes a priori has catalogado como inferiores.

Lucas es un ejemplo de grandeza en muchos sentidos y lo que ha vivido es una prueba de las muchas cosas que no funcionan en este país y que impedirán que podamos salir adelante en este mundo; cediéndole espacios a otras personas y a otros países que han entendido que en su diversidad y su capital humano está su grandeza.

Un saludo dominical....

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