lunes, 11 de octubre de 2010

Sobre la costumbre de casarse y otros miedos. Elizabeth Gilbert (3)

Finalmente, concluí la lectura del libro Comprometida de Elizabeth Gilbert. Comenté en las entradas anteriores (Comentemos el matrimonio y el Matrimonio como deporte extremo) que la autora nos lleva de paseo en la historia por el concepto de este contrato (qué es sino un contrato que ha transitado por lo religioso y lo civil en la historia) y nos obliga a pensar en nuestra propia visión cultural, histórica y personal sobre el tema.

¿Por algunas le tenemos tanto miedo? ¿Por qué otras tenemos tantas ganas de contraer matrimonio? ¿Por qué otras mujeres tenemos dudas sobre casarnos por segunda ocasión? ¿Por qué es un hecho tan importante en nuestra sociedad y cultura?

Los títulos de los capítulos subsecuentes son indicativos del camino que desarrolla Gilbert en su obra:

C. 4 El matrimonio y el enamoramiento
C. 5 El matrimonio y las mujeres
C. 6 El matrimonio y la autonomía
C. 7 El matrimonio y la subversión
C. 8 El matrimonio y la ceremonia

Si bien la autora navega por las veredas de Fromm sobre el enamoramiento como esa faceta que no nos permite ver al ser amado en su justa realidad sino desde nuestro deseo y fantasía, también nos lleva de paseo por el matrimonio y el compromiso implícito como un acto de rebeldía cuando dos personas deciden, de manera ilógica, casarse "por amor".

¿Cuáles son las condiciones que hace que un matrimonio entre dos personas funcionen? ¿La educación, la visión sobre los hijos, la convivencia, la heterogamia o la monogamia, la integración social de la pareja, su religiosidad, la justicia de género? Por más que los teóricos y estudiosos de diversas disciplinas analicen las diversas variables, es un hecho que los humanos NO vamos por la vida buscando a la persona "perfecta" para emparejarnos desde una óptica teórica. El amor pasa y en medio de nuestras propias confusiones, dudas y problemas emocionales y psicológicos, vamos tomando decisiones. Bien lo dice la autora: "Algunas de estas diferencias son importantes y otras no tanto, pero todas ellas son inalterables. Al final parece que el perdón tal vez sea el único antídoto realista que nos ofrece el amor para combatir las ineludibles desilusiones de la intimidad."

En el terreno de lo práctico, el matrimonio nos lleva a repensar y definir -y necesariamente dedicarle un tiempo a esto- qué papel deberán jugar los esposos, el hombre y la mujer, o en parejas del mismo sexo, el rol de cada un@, y es ¿cómo compaginarán el trabajo, el amor, la casa y los niños si es que deciden tenerlos? En cada cultura y momento histórico existen y han existido visiones sociales y culturales sobre esto. El reto en nuestra sociedad occidental, y vuelvo a aterrizar aún más el tema, mexicana, estos roles también han estado determinados culturalmente y vivir un matrimonio "de nuestro tiempo" implica reconsiderar estos roles, con los respectivos encontronazos que conllevan en el proceso de adaptación (o divorcio si es que no se llega a un acuerdo al respecto). El nivel de autonomía e independencia financiera y laboral de una mujer determina y ha generado un cambio en esta ecuación: si una mujer es autónoma, generalmente no está dispuesta a aceptar malos tratos o condiciones con las que no está de acuerdo (que no necesariamente son malos tratos, son simplemente realidades que no le interesa vivir). En momentos críticos (la depresión del 29, el 82 y habrá que ver qué resultados se desprenden si alguien está haciendo un estudio de la crisis del 95), las parejas se mantienen unidas porque no tienen posibilidades financieras de sobrevivir separadas.

Tema obligado del matrimonio (que viene de la palabra latina mater - madre) es el de los hijos y la maternidad. La reproducción era una de las premisas del mismo, si ésta no se da, cuál es el nuevo significado de este vínculo y para qué se casan hoy en día las personas?

La ceremonia es otro componente de este ritual. De las grandes fiestas que duran varios días en los pueblos, como el caso mexicano, las sociedades también han transitado al evento que sólo comparten los esposados el día que se plantan en el registro firmar a que les lean la Epístola del Melchor Ocampo (que gracias a Dios han acortado y ya no tenemos que escuchar esa larguísima perorata) o a ceremonias intermedias en las que participan algunos invitados. La ceremonia se convierte en un mecanismo de validación social del vínculo entre las personas y en una plataforma para decir socialmente qué piensan, cómo serán y qué puede esperarse de la pareja en cuestión.

En fin, el tema, como bien lo saben quienes están leyendo el libro y quienes han vivido un matrimonio o quienes lo piensan, no es nada sencillo. Tiene una connotación y carga social, emocional, psicológica, financiera, cultural y hasta política enorme. Casarse simplemente por amor se convierte en un acto de enorme y tierna ingenuidad a la vez que la única razón o la principal razón de nuestro tiempo.

Entonces, al final, nos quedamos con la pregunta ¿para qué nos casamos hoy en día? y lamento compartir que no nos da la autora una propuesta que pueda generalizarse. Las respuestas siguen siendo tan particulares e individuales como los individuos dispuestos a dar, o no, este paso.

Yo me quedo con más elementos para pensar este tema, pero convencida de que sigue siendo una decisión personal, envuelta en nuestras respectivas circunstancias y que existen tantas visiones como humanos con experiencias en el mundo dispuestos a participar en este deporte extremo.

Lo que si es que reitero mi creencia: el matrimonio en occidente y en mi entorno socio cultural es una expresión de la libertad de los individuos y pocas decisiones expresan de manera tan clara nuestro derecho a decidir como ésa.




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