domingo, 16 de noviembre de 2008

Sobre la vida... y la inevitable muerte

Piluca, descansa en paz. 
Estás a un pensamiento de distancia. 
Te quiero. 


“Es muy importante que hagas lo que de verdad te guste, 
sólo así podrás bendecir la vida cuando la muerte esté cerca….”
Elizabeth Kübler-Ross

¿Es que la muerte es simplemente el fin de la vida? No lo sé, no lo creo, lo que sucede de este lado de la realidad me parece tan complejo y fascinante (… y aterrador, y triste y confuso muchas veces) como para simplemente decir que su razón de ser es…. ser así, y después de la muerte. ¿Vagaremos en el limbo o accederemos al cielo, al infierno o regresaremos a la vida en esta tierra en otro cuerpo y con otra forma?

Creo, efectivamente, que la definición que nos demos de la muerte explica nuestra actitud y nuestro andar por la vida. Me gustó la explicación de Heidegger en la que señala que el ser humano nunca está completo, sino que siempre incluye la posibilidad de ser más. Me parece que estas posibilidades están dadas gracias, paradójicamente, a la finitud de nuestra existencia. Tenemos muchas posibilidades en un espacio limitado de tiempo. Debemos aprovecharlo. Por ello me cuesta pensar que la muerte sea simplemente, el fin. Tiene que haber algo más.  

1. La Misteriosa Muerte

La muerte tiene su propio lenguaje. Empleamos el verbo estar en lugar del verbo ser para hablar de la muerte. Se está muerto, no se es muerto. La muerte la “decimos” de manera transitoria, no permanente. 

Además de esta visión transitoria de la muerte, de la nuestra jamás podemos hablar nosotros. Cuando estemos muertos, serán otros los que hablen de ella. Nuestra muerte la vivimos nosotros, nos pertenece pero no podemos nombrarla. Si digo que estoy muerta estoy mintiendo, pues solo puedo decirlo estando viva. “Claudia está muerta” sólo podrá decirlo alguien más. 

No queremos ser anónimos en la muerte. Esa es la razón por la que  buscamos ponerle nombre a las tumbas; son una extensión tangible de nuestro paso por esta vida. Es una manera de aferrarnos a los que representamos o jugamos representar mientras estuvimos vivos. 

Señala Rilke que sólo “Sólo quien entiende y celebra rectamente la muerte engrandece su vida”. Si se vive una gran vida se puede pensar en una gran muerte. 

Por otro lado, Marcel dice que “Amar a otro es decirle: tu no morirás”.  Resulta complicado aceptar la muerte de las personas a las que amamos, porque sabemos en lo más profundo de nuestro ser que a pesar de posible muerte siempre permanecerán vivas en nuestro interior, porque sabemos que ese amor nos puede hacer trascender. Amar es diferenciar a las personas amadas del resto, es reconocer que su muerte no puede ser una muerte más, sino LA muerte de ESA persona, lo que lo o la convierte en nuestro muerto y nos hace morir un poco. 

2. Vivir y morir

¿Cómo quiero vivir? Esto sólo puedo decidirlo en libertad, definiendo mis prioridades, mis valores, mis principios, mis ejes rectores. La muerte puede ser una gran ayuda para definir el camino, pues tiene la capacidad de darle a cada cosa su justa medida y dimensión. 

Las preguntas que puedo hacerme a la luz de la muerte pueden ser guías para mi diario vivir ( o mi permanente morir). ¿Me siento bien con lo que he hecho hoy? ¿He sido lo mejor que podía ser? ¿He hecho bien y mejorado mi entorno? ¿Me he perdonado si no lo he hecho? ¿Qué queda de mi si retiro todo lo que me hace mundanamente valiosa? ¿Cuál es el verdadero legado que estoy dejando a mi paso? ¿Estoy haciendo uso de todo lo que me ha sido dado? ¿Aprovecho cada instante de mi día? 

Por supuesto, la muerte también plantea una dimensión social de nuestras acciones. En una sociedad ensimismada y llena de vacíos, es necesario reencontrarnos y replantear nuestra relación con los demás y con nuestro entorno, incluyendo a todos los seres vivos. ¿Somos capaces de generar amor en nuestro entorno y con TODO aquello que nos rodea? ¿Podemos amar profundamente a una persona o a un proyecto pero voltear la cara ante la mirada suplicante de una persona en la calle? ¿Podemos dedicar públicamente nuestra energía a una causa justa y políticamente correcta pero permanecer impávidos ante la tortura de animales en distintas partes del mundo, o simplemente de la mascota que es maltratada en la casa del vecino o de la mujer, el niño, el anciano golpeados? No existen respuestas generales para estas preguntas, cada persona es responsable de su respuesta. 

Concluiría este texto con la cita que Pérez Varela hace del filósofo ruso Nicolás Berdiajeff: 

“La muerte es la gran ocasión en que debo rendir cuentas, presentar a Dios todo mi yo, 
todo mi ser, toda mi vida. La vida del hombre, ….., es lo que hizo de si mismo con sus talentos, 
el modo como utilizó su dinamismo creador. 
¿Hice de mi vida un poema, algo bello, algo amable, 
una obra de arte? 
Si la respuesta es afirmativa estoy preparado para, a través de la muerte, 
encontrarme con el amor.“

Imagen: Andreu Cadenas Compte en Ojodigital.com

2 comentarios:

Itzia dijo...

y como impresiona este tema de la muerte no? es cosa de respeto... de tristeza... de incertidumbre... incluso de evasión... pero también de transición...se vuelve ritualezco y sagrado (tan sagrado q hay cero comentarios desde el domingo y es hoy ya miércoles 19)

LaClau dijo...

Cierto Itzia, en occidente le hemos dado a la muerte un significado sobrenatural y la hemos convertido en algo ajeno a al vida. Los rituales y los tránsitos que les acompañan sirven para asimilarla en el diario vivir... habría que rescatarlos y honrarla un poco más.
Un beso.

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