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¿Qué te brinda paz interna?


Esta pregunta me la hago con frecuencia, a veces encuentro una respuesta, otras me cuesta un poco de trabajo. No se trata de tener una receta para todas las ocasiones. Hay veces en que teniendo la respuesta es difícil tranquilizarse pues el torrente de sucesos es tan fuerte que la paz suena a una realidad remota.

Me he dado cuenta, con sorpresa, que la paz interna es -ante todo- una actitud. Buscamos normalmente hechos, personas o ideas provenientes del exterior que nos digan qué hacer para dejar de sentir emociones que no nos gustan: tristeza, angustia, añoranza, desesperación o enojo. La verdad es que la paz proviene, y sólo puede ser así, de nosotros mismos.

Nada te turbe, nada te espante todo se pasa,
Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza,
quien a Dios tiene nada le falta sólo Dios basta.
Santa Teresa de Avila

No se trata sólo de ideas; de hecho, son justamente éstas las que nos generan inquietud la mayoría de las veces. Es lo que pensamos respecto de lo que sucede lo que nos produce ansiedad. Es la comparación entre lo que pasa y lo que nuestra voz o voces internas nos señalan lo que nos produce enojo, frustración, angustia. Cuando las cosas no pasan como queremos, como en algún momento "aprendimos" que tenían que ser. Nunca nos cuestionamos si esas premisas eran correctas o nos llevarían por un camino de congruencia y armonía. A veces, son las fantasías las que nos envían directo al camino de la angustia; las cosas no suceden y la gente no responde como queremos que lo hagan o como nuestros sueños nos indican que deberían ser o responder.

Por ello, la paz no puede provenir de ideas, pensamientos, actitudes ajenas. Tal vez podemos encontrar consuelo, voces que reflejen lo que necesitamos escuchar para llegar a nuestra verdad y a nuestro centro interno de paz, pero no podemos importar experiencias ajenas a nuestra realidad para encontrarla. Se trata de un camino único e individual, lleno de baches y sorpresas, y por cuyo recorrido es necesario transitar en solitario para verdaderamente encontrar nuestras propias definiciones y sentidos. Se puede pedir ayuda, buscar con la mirada alternativas y se vale querer compañía. La cuestión es que el resultado final -en cuyo proceso está la respuesta- sólo lo podemos vivir en nuestro interior.

Nuestra paz está impregnada de nuestros colores -es inevitable- de nuestras texturas, nuestras búsquedas, nuestros silencios y nuestros encuentros. Nuestras carencias y realidades definen el camino y por ello, solamente nosotros podemos darle forma.

Comentarios

Isabel ha dicho que…
A mi la paz interna, me la brinda el estar a gusto conmigo misma. Un beso
LaClau ha dicho que…
Querida Isabel,
Creo que ese es uno de los puntos de partida. Tienes toda la razón.
Otro beso para ti.
Tiziana(+que4patas) ha dicho que…
Es bueno que cada tanto te encuentres con alguien o con algo, que baje tus ansias responda tus dudas y te recuerde donde buscar la paz.

Primero lo hizo Marcela desde su mujeresde40, por esas cosas llegue a mujeres construyendo y ahora en tu casa y en cada una encontre la respuesta que buscaba.

Y encima descubro que tambien sos solidaria con los animales es fantastico!!!

Grax por el cafecito nunca mejor venido!
LaClau ha dicho que…
Tiziana,
¡Qué gusto verte por acá también! Tus palabras están llenas de buena energía. Gracias por compartirlas. Me da gusto saber que este espacio sirvió de remanso en un momento en que lo necesitabas.

Si, también los animales tienen un rincón reservado aquí. No podría ser de otra manera.

Te dejo un beso fuerte.

¿Qué café te invito en esta ocasión? Las demás puedes servirlo como en tu casa.
AMOROSAMENTETUYO ha dicho que…
Clau:

La paz interna sólo se alcanza cuando uno ha logrado quitarse los apegos, ya sean materiales o espírituales.

Los monjes budistas mencionan que el ser humano sufre a causa del deseo, pues cuando una persona desea algo y después no obtiene eso que tanto deseo, entonces viene de forma inmediata el sufrimiento.

Así las cosas, cuando uno logra dejar de poner su felicidad futura en los deseos y en los apegos, de la misma manera vendrá la paz y el equilibrio interno, que por añadidura nos harán gozar de la manera más intensa de lo poco o mucho que se tenga.

Y no me refiero a cuestiones materiales, sino a la posibilidad de apreciar y disfrutar de un nuevo despertar, de un amanecer cuando el sol sale después de una noche fria, del ocaso del sol en una tarde de otoño, del trinar de los pajaros en el árbol que se levanta frente a nuestra ventana, me refiero a la posibilidad que tenemos de disfrutar diferentes platillos todos los días, descubriendo su sabores agridulces o salados, me refiero también a una carta de amor (bueno ahora es un email o twitter o post en un blog). Me refiero al placer que causa la voz que se esconde detrás de ellos y que aún no conocemos, pero que la imaginamos de mil maneras diferentes, y porqué no decir lo mismo de la lectura del más maravilloso de los libros, o de un extraordinario poema escrito por Jaime Sabines o Mario Bennedetti o Neftalí Reyes (Pablo Neruda). o al poema !que un hombre enamorado le escribe a su mujer!

Me refiero también a la tarde que se pasa con la pareja en una cabaña en medio del bosque, frente a la chimenea y compartiendo un botella de un buen vino espumoso y fresas con chocolate y a lo que viene despues.

La apreciación y el disfrute de la vida, pasa por cuestiones que no tienen que ver con los apegos o con los deseo, como por ejemplo el haber descubierto tu blog y el estar en comunión contigo!

¡Cuanta razón tienen los monjes budistas!

¡Que la paz interna te acompañe!
Amorosamentetuyo
LaClau ha dicho que…
Mi querido Amoroso,
Nada más difícil en esta humana y mundana existencia que deshacerse de los apegos. Ese es el reto cotidiando cuando tienes corazón y sientes. Si bien puedes entender que los apegos pueden llegar a ser la causa de tu propia desgracia....es humano querer mantener aquello que amas y te hace feliz.
Espero llegar algún día en mi vida a tener un nivel de iluminación tal que pueda dejar pasar todo sin sentir apego y ser feliz aquí y ahora.
Un abrazo,

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