Ir al contenido principal

La Guerra del Vino

Este es el título del libro que Don & Petie Kladstrup escribieron sobre la historia de los vitivinicultores franceses durante la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana a Francia. Los autores logran adentrar al lector a ese momento histórico desde una perspectiva poco considerada: la de uno de los tesoros más grandes del país galo, su vino. 

La guerra del vino presenta el papel fundamental que ha jugado el vino, desde hace mucho tiempo, en las campañas militares en Francia. Napoleón ordenó carromatos llenos de champagne para mantener la moral de sus ejércitos; durante la Primera Guerra Mundial se enviaron enormes cantidades de vino a los soldados que luchaban en las trincheras del norte del país. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, casi el 20% de la población se ganaba la vida con el vino, y los autores narran la crónica de la determinación de los nazis por controlar la industria vitivinícola francesa y disfrutar sus beneficios tanto financieros como gustativos.

El libro está lleno de sorpresas y datos interesantes. Una de las primeras cosas que el gobierno invasor obligó a hacer al gobierno colaboracionista de Pétain fue venderle toda su producción de vinos a Alemania para que ésta los comercializara. Se convirtió en un delito severamente castigado vender a los antiguos clientes y en ese momento enemigos: Inglaterra, Estados Unidos. Para ello se instauró la figura de los Weinführers, funcionarios designados por el gobierno nazi para supervisar la producción en Borgoña, Burdeos y Champagne para garantizar que las demandas alemanas fuesen cubiertas. Curiosamente, estos funcionarios resultaron ser antiguos vitivinicultores alemanes que tenían muchos años de relación con sus homólogos franceses y que fueron obligados a afiliarse al partido y asumir dichos cargos. 

Hombres como Joachim von Ribbentrop y el ex vicecanciller Franz von Papen habían llegado a ocupar puestos nazis procedentes directamente del comercio del vino. Líderes militares como Ernst Kühnemann, comandante del puerto de Burdeos y comerciante de vinos, había pasado mucho tiempo en la región antes de la guerra. El mariscal de campo, Göring y el Ministro de Propaganda Goebbels se enorgullecían de sus conocimientos y gusto sobre el vino y poseían enormes colecciones.  Al primero le gustaba el Borgoña fino y el segundo prefería las cosechas de Burdeos, especialmente el Chateau Lafite-Rothschild. 

La Resistencia francesa fue apoyada por los vitivinicultores de diversas regiones y las familias de tradición de la industria tuvieron que tomar medidas drásticas para evitar que sus cavas y bodegas fuesen saqueadas por los soldados nazis y por los funcionarios del Führer, quienes buscaban hacerse de los mejores vinos y cosechas para atesorarlos. La resistencia también la desarrollaron de manera cotidiana los productores quienes hicieron todo lo posible por engañar a los alemanes y hacerles creer que le enviaban y vendían vinos especiales y cosechas inigualables. Desarrollaron tácticas para envejecer botellas con polvo de alfombras sucias, llenar barricas de agua. La familia Drouhin contruyó en una noche una muralla en los sótanos para ocultar sus mejores vinos y poderlos vender cuando la guerra concluyera; en la construcción participó toda la familia, incluyendo los niños a quienes se les encomendó juntar arañas para ponerlas en la pared de la recién creada pared para que desarrollasen sus telarañas y le diesen al muro una imagen vieja que evitara cualquier sospecha al ser inspeccionada. 

El ejército aliado, encabezado por los franceses, se encontró con un tesoro indescriptible al llegar al Berchtesgaden o Nido del Aguila (el centro de retiro de Hitler y otros altos funcionarios nazis en los Alpes bávaros). ¿Qué se encontraba ahí? Oro, papel moneda de una docena de países, valiosas joyas, obras de arte, coches de lujo y algo que los franceses ansiaban recuperar: miles de botellas de los mejores vinos del mundo y que habían sido robadas a su país. Se encontraban TODAS las añadas lejendarias -Lafite, Mouton, Rothschild- botellas de todas las grandes casas de Champagne -Krug, Bollinger, Moët, Piper-Heidsieck y Pommery.

Un libro obligado para los amantes del vino y de la historia. 

Comentarios

PEDRO DELGADO ha dicho que…
Muy interesante. Trataré de hacerme con el libro.

Saludos flamencos desde Cáceres.
LaClau ha dicho que…
Querido Pedro,
Ojalá que lo encuentres, vale la pena. Debo mencionar, que la edición en español tiene muchos errores de dedo y la redacción no es necesariamente buena. El contenido, sin embargo, salva estos factores. La versión en inglés es mucho mejor.

Saludos mexicanísimos desde el Distrito Federal.

Entradas populares de este blog

Se me olvidó que te olvidé...

Pues así, simplemente, se me olvidó que te olvidé...

_______ooo________

"Se me olvidó que te olvidé" Letra: Lolita de la Colina
Interpretación: Bebo y el Cigala (2003) y Abuelos de la nada (1982)


Yo te recuerdo cariño,
mucho fuiste para mi,
siempre te llamé mi encanto,
siempre te llamé mi vida,
hoy tu nombre se me olvida.
Se me olvidó que te olvidé
se me olvidó que te dejé,
lejos muy lejos de mi vida,
se me olvidó que ya no estás,
que ya ni me recordarás,
y me volvió a sangrar la herida...
Se me olvidó que te olvidé
y como nunca te encontré
entre las sombras a escondidas,
y la verdad no se porqué,
se me olvido que te olvidé
a mi que nada se me olvida.

José Guadalupe Posada en el Día de Muertos

Los mexicanos nos reímos de la muerte, aunque sea uno de los temas que más nos aterran. Convivimos con ella y en los Días de Muertos y de Todos los Santos (1 y 2 de noviembre) hacemos ofrendas para aquellas personas que ya se fueron. Los recordamos con sus fotos, con la comida que les gustaba comer, con sus prendas y música favorita. En estos días, los cementerios se llenan de colores y los recorre un inusual murmullo lleno de regocijo y algarabía. Es común ver vendedores de "alegrías" recorriendo los pasillos entre las tumbas y observar niños jugando y descubriendo o tratando de develar los secretos que guardan los sepulcros. Estos son los únicos días en que los panteones no dan miedo y los muertos comparten con los vivos.
Por ello es que quiero hablar hoy de José Guadalupe Posada de ese célebre artista y grabador mexicano que inmortalizó la muerte (¿acaso no es inmortal ya?) con su obras de calaveras y las llenó de vitalidad a través de sus cuadros. En este país a la muer…

Feliz Día de NO San Valentín

Lo confieso. Si, es una confesión.
El 14 de febrero nunca me ha emocionado.
Siempre me ha parecido una fecha, una celebración y un día un poco cursi. Tanto corazón me abruma y me parece tan comercial que no le encuentro mucho sentido.
La invitación de Ana Paola Villegas y Lupita del Toro Bogdanski en el Grupo de Blogueras MX para escribir posts en nuestros blogs con motivo de la fecha me ha parecido una gran provocación y un buen punto de partida para darle una pensada al día y a su sentido desde otra óptica.
¿En qué momento una tradición pagana, adoptada por la Iglesia Católica Romana en la cual se adoptó a San Valentín como el patrón de los enamorados se, convirtió en un día en el que todo el mundo “regala” amor y los “te quieros” se escuchan por todas partes, aunque el día previo o el subsecuente los silencios, la indiferencia o el franco desamor estén presentes sin recato alguno?
Creo que aquí está la clave: en “hacer”, no en “regalar” ni “comprar”.
De repente las fechas,…