domingo, 20 de julio de 2008

La Guerra del Vino

Este es el título del libro que Don & Petie Kladstrup escribieron sobre la historia de los vitivinicultores franceses durante la Segunda Guerra Mundial y la invasión alemana a Francia. Los autores logran adentrar al lector a ese momento histórico desde una perspectiva poco considerada: la de uno de los tesoros más grandes del país galo, su vino. 

La guerra del vino presenta el papel fundamental que ha jugado el vino, desde hace mucho tiempo, en las campañas militares en Francia. Napoleón ordenó carromatos llenos de champagne para mantener la moral de sus ejércitos; durante la Primera Guerra Mundial se enviaron enormes cantidades de vino a los soldados que luchaban en las trincheras del norte del país. Al iniciarse la Segunda Guerra Mundial, casi el 20% de la población se ganaba la vida con el vino, y los autores narran la crónica de la determinación de los nazis por controlar la industria vitivinícola francesa y disfrutar sus beneficios tanto financieros como gustativos.

El libro está lleno de sorpresas y datos interesantes. Una de las primeras cosas que el gobierno invasor obligó a hacer al gobierno colaboracionista de Pétain fue venderle toda su producción de vinos a Alemania para que ésta los comercializara. Se convirtió en un delito severamente castigado vender a los antiguos clientes y en ese momento enemigos: Inglaterra, Estados Unidos. Para ello se instauró la figura de los Weinführers, funcionarios designados por el gobierno nazi para supervisar la producción en Borgoña, Burdeos y Champagne para garantizar que las demandas alemanas fuesen cubiertas. Curiosamente, estos funcionarios resultaron ser antiguos vitivinicultores alemanes que tenían muchos años de relación con sus homólogos franceses y que fueron obligados a afiliarse al partido y asumir dichos cargos. 

Hombres como Joachim von Ribbentrop y el ex vicecanciller Franz von Papen habían llegado a ocupar puestos nazis procedentes directamente del comercio del vino. Líderes militares como Ernst Kühnemann, comandante del puerto de Burdeos y comerciante de vinos, había pasado mucho tiempo en la región antes de la guerra. El mariscal de campo, Göring y el Ministro de Propaganda Goebbels se enorgullecían de sus conocimientos y gusto sobre el vino y poseían enormes colecciones.  Al primero le gustaba el Borgoña fino y el segundo prefería las cosechas de Burdeos, especialmente el Chateau Lafite-Rothschild. 

La Resistencia francesa fue apoyada por los vitivinicultores de diversas regiones y las familias de tradición de la industria tuvieron que tomar medidas drásticas para evitar que sus cavas y bodegas fuesen saqueadas por los soldados nazis y por los funcionarios del Führer, quienes buscaban hacerse de los mejores vinos y cosechas para atesorarlos. La resistencia también la desarrollaron de manera cotidiana los productores quienes hicieron todo lo posible por engañar a los alemanes y hacerles creer que le enviaban y vendían vinos especiales y cosechas inigualables. Desarrollaron tácticas para envejecer botellas con polvo de alfombras sucias, llenar barricas de agua. La familia Drouhin contruyó en una noche una muralla en los sótanos para ocultar sus mejores vinos y poderlos vender cuando la guerra concluyera; en la construcción participó toda la familia, incluyendo los niños a quienes se les encomendó juntar arañas para ponerlas en la pared de la recién creada pared para que desarrollasen sus telarañas y le diesen al muro una imagen vieja que evitara cualquier sospecha al ser inspeccionada. 

El ejército aliado, encabezado por los franceses, se encontró con un tesoro indescriptible al llegar al Berchtesgaden o Nido del Aguila (el centro de retiro de Hitler y otros altos funcionarios nazis en los Alpes bávaros). ¿Qué se encontraba ahí? Oro, papel moneda de una docena de países, valiosas joyas, obras de arte, coches de lujo y algo que los franceses ansiaban recuperar: miles de botellas de los mejores vinos del mundo y que habían sido robadas a su país. Se encontraban TODAS las añadas lejendarias -Lafite, Mouton, Rothschild- botellas de todas las grandes casas de Champagne -Krug, Bollinger, Moët, Piper-Heidsieck y Pommery.

Un libro obligado para los amantes del vino y de la historia. 

2 comentarios:

PEDRO DELGADO dijo...

Muy interesante. Trataré de hacerme con el libro.

Saludos flamencos desde Cáceres.

LaClau dijo...

Querido Pedro,
Ojalá que lo encuentres, vale la pena. Debo mencionar, que la edición en español tiene muchos errores de dedo y la redacción no es necesariamente buena. El contenido, sin embargo, salva estos factores. La versión en inglés es mucho mejor.

Saludos mexicanísimos desde el Distrito Federal.

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