martes, 21 de diciembre de 2010

Entre el Jefe Diego y Marisela Escobedo


¿Hacia dónde debe uno voltear la mirada? ¿Hacia la esperanza, hacia la desesperanza? ¿Es necesario leer la prensa para reconocer la impunidad que hemos vivido desde hace décadas en este país, en nuestras historias? ¿Es necesario recordar, con rostros nuevos y circunstancias diversas, que la injusticia predomina en nuestras calles y que la ley no te ampara en este sistema político?

Mientras el silencio, la indiferencia y las balas dan muerte a los reclamos de las madres desesperadas de las niñas y jóvenes que desaparecen en Ciudad Juárez y en las metrópolis de México, aparece un hombre de palabras implacables y barba incomparable regresando de siete meses de secuestro y especulaciones sin justicia.

En marchas contra la violencia se apoya a La Familia. En manifestaciones en contra del secuestro en medio de la Ciudad de México se cobra el rescate de un desaparecido. Si tu vida es común, como la del 99.99% de los mexicanos que respiramos entre el Río Bravo y el Suchiate, las posibilidades de encontrar una respuesta a tus reclamos y temores como ciudadanos son inversamente proporcionales. Si tu vida es poco común, como la del 5% de los mexicanos, es posible que la revolución -o lo que queda de ella- te haga justicia.

Camino por las calles con los deseos de una certeza llena de indefiniciones: quiero paz, quiero justicia, quiero seguridad, quiero ver a los mexicanos que han sido marginados de la esperanza con un poco de brillo en los ojos porque tienen la posibilidad de demostrar su valía, sin despensas, sin mordidas, sin amigos en el municipio, en el estado, en el gobierno federal.

Quiero tener la certeza de que la justicia se imparte a todos por igual, sin diferencias "porque el/la que dictamina una resolución es una niña bien como tú".

Quiero que le pidan perdón a Marisela Escobedo por haber archivado el caso de su hija entre los papeles que van en el altero de "las muertas de Juárez" o en el de "jóvenes desaparecidas en cualquier ciudad del país". Ansío escuchar una disculpa al viudo de Marisela y al padre de Rubí, no más explicaciones de por qué no se resuelven crímenes que duelen al país entero. Quiero saber que le dijeron a los padres de Karla Jazmín que encontraron a los asesinos de su hija y a los responsbles de haberle robado el futuro. Quiero ver la justicia aplicada a los secuestradores del Jefe Diego. Quiero que sea el gobierno, no la Sra. Wallace, quien encuentre a los secuestradores de su hijo y a las autoridades competentes encontrando a los asesinos del hijo del Sr. Martí, no a él pagando a investigadores privados. Quiero que la trata de personas deje de ser el secuestro de las personas sin recursos y que la pobreza no sea un pretexto para no aplicar la justicia.

Quiero inventar un país en el que las noticias sean simplemente una pesadilla y no la realidad que vivimos cuando despertamos de un mal sueño.

2 comentarios:

AMOROSAMENTETUYO dijo...

Hola Clau:

Me llama mucho la atención tu escrito, y es que haces una descripción de muchos de los problemas de nuestro país, en general es la falta de respeto a la ley y a la aplicación de la misma, en donde todos tenemos parte de culpa en la transgresión de las leyes.
Algunos transgreden las leyes de transito, otro las de cultura civica otros la de convivencia, unos más las administrativas y otras personas las de orden civil, fiscal o penal de los respectivos codigos, así que tenemos como resultado un país en donde la ley es letra muerta, en donde del 100% de los delitos denunciados, sólo se castiga el 2%, sin tomar en cuenta que los delitos denunciados, no son la totalidad de los cometidos.

La transgresión de la ley la hacen los pobres, los de clase media y los ricos algunas personas violan unas leyes, y otros personas las que faltan.

Si a eso le aunamos que se pone complejo el panorama del país, por la crisis económica, por la social y la política, entonces tenemos un caldo de cultivo para que, a quienes la revolución de 1910 no les ha hecho justicia, entonces busquen hacersela por propia mano con otro movimiento de mayor envergadura.

Por eso el otro aspecto que me llamo poderosamente la atención de tu escrito, son los diversos quiero que pones!
Los quiero un mejor país un mejor México, un mejor sistema de procuración y administración de la justicia, quiero un país en donde a la gente le brillen los ojos a sentir un poco de esperanza en sus futuro, etc.

Por eso el escrito llama tanto la atención, porque esos quiero tienen que ir acompañados de acciones positivas de parte de la sociedad civil, como en el caso de Nicole y su lucha contra el Bullying.

Por eso cada uno de nosotros debemos actuar en positivo y comenzar a manifestar los desacuerdos y las propuestas concretas y su puesta en marcha para cambiar la realidad del país y tener la posibilidad de encontrar en el camino algo mejor para nuestra patria. Antes de que esta colapse por otro movimiento desaforado de masas inconformes.

Habría que pensar en alguna organización más de la sociedad civil que se una a los reclamos, con propuestas concretas ingeniosas y factibles de llevar a cabo para mejorar al país, una organización que detone el surgimiento de muchas otras más, para que se de un efecto de spillover en positivo.

Algo hay que hacer antes de que, como el titulo de una pelicula, "El destino nos alcance".

Amorosamentetuyo

LaClau dijo...

Guauu Amoroso,

Esta respuesta amerita otra respuesta igual de reflexiva y con apuntes puntuales. A reserva de hacerlo con toda la calma, empezaría por el final: ya no sé si lo que hace falta es una organización MAS de la sociedad. Creo, sinceramente, que sobran osc y que el tamaño de las instituciones de gobierno es gigante. Considero que el cambio debe venir más bien por el lado de una transformación en la cultura política de l@as mexicanos y en transformaciones individuales. Después de muchos años de trabajar desarrollando "grandes proyectos nacionales" y ver que se hacía mucho ruido alrededor y los cambios de fondo eran mínimos me he dado cuenta de que los grandes cambios provienen de la transformación en la conciencia del individuo, y van más allá de las frontera tal como las comprendemos y vivimos hoy en día.

Desde la caída del Muro de Berlín se nos han ido desmoronando las certezas del mundo: desde la bipolaridad hasta la "seguridad" que el estado-nación como tal nos daba. Hoy, los problemas son globales, los individuos se identifican más con búsquedas temáticas o causas con personas en otras personas en el mundo que con lo que hacen sus vecinos y los discursos de los políticos suenan igual (aunque se hablen de distintos idiomas). Claramante, estamos en un cruce paradigmático en donde los nuevos factores de la gobernabilidad están siendo redefinidos, y creo que es ahí en donde nos toca entrar. Los cambios -me ha llevado tiempo entenderlo- no son de un día para otro ni por decreto. Tienen que tejerse, y la gente tiene que participar en ellos para hacerlos propios y que la transformación pueda darse.

Bueno, vaya rollo. La conversación sigue. Me interesa.

Un abrazo y gracias, una vez más, por tu comentario.

C

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