sábado, 8 de diciembre de 2007

Nostalgia epistolar


Preguntaba hace tiempo a mis alumnos, que son bastante jóvenes por cierto (21-24 años), cuántas cartas personales habían recibido en su vida y la respuesta me dejó atónita. Quién más cartas había recibido había recibido ¡¡¡¡cinco!!!! Además de darme cuenta de algo evidente (la diferencia generacional), me di cuenta de que la inmediatez de la comunicación les ha hecho perderse de una experiencia fantástica: recibir una carta escrita en puño y letra por una persona de nuestra estima. 


A mi me sigue emocionando infinitamente escuchar el timbre cuando llega el cartero en su característica bicicleta con dos bolsas laterales de piel detrás del asiento y a los lados de las llantas.  “Buenos días, aquí está su correspondencia”. Increíble, me parece un navegante del pasado en nuestro tiempo (y la ironía es que ese pasado no tiene más de 10 años), que trae muchas veces realidades, sueños, suspiros, emociones, noticias personales, en un sobre cerrado con mi nombre al frente escrito por alguien que se encuentra lejos. 

Lamentablemente, cada vez son menos las cartas personales que trae ese amable hombre que recorre mi colonia en bici. Llegan en oleadas sobres del banco, de tiendas departamentales con promociones, de la Tesorería del Distrito Federal, de la compañía de seguros, de la funeraria, de agencias de viajes. Paulatinamente la comunicación escrita a mano con tinta en un papel entre las personas ha ido disminuyendo. Tengo la sensación de que nos comunicamos simultáneamente con más personas pero de manera más superficial. 

¿Cuándo fue la última vez que te sentaste relajad@ frente a tu escritorio, con tu pluma favorita y una caja de hojas blancas de suave textura, dispuest@ a transmitir tus pensamientos, emociones y sueños a un ser querido en otra parte del planeta? ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una oficina de correos a comprar timbres postales y probaste ese pastoso y amargo sabor del pegamento antes de colocar en el extremo superior derecho del sobre la estampilla y depositar en el buzón de correo nacional o internacional tu carta? ¿Cuándo fue la última vez que el cartero te hizo entrega de una carta con letra conocida y te llevaste el sobre a tu sillón predilecto junto a la ventana, la acariciaste, la abriste con cuidado y con calma y en silencio leíste cuidadosamente cada palabra a la par que sentías en los dedos la textura de la tinta de las letras delineadas e impregnadas en el papel? 

Reconozco la maravilla de la hipercomunicación de nuestro tiempo y las infinitas posibilidades que tenemos para transmitir información, pero siento profunda nostalgia por la correspondencia epistolar, por los momentos detenidos en el tiempo en que podía imaginar la voz de quién escribía la carta mientras leía sus letras, mientras trataba de imaginar su ánimo, su posición para escribir y su mirada sobre las mismas palabras que estaba yo leyendo. 

Siento nostalgia por reconocer a las personas a través de sus palabras, su caligrafía, su elección de papelería, su tinta y la intensidad con la que escribe. Siento nostalgia por la comunicación desde el corazón. Siento nostalgia por los días que tenían 24 horas y en las cuales podías hacer todo, inclusive enviar y recibir correspondencia. Siento nostalgia por los sueños envueltos en papel, viajando con toda su valentía y pequeñez por el mundo, esperando a ser descubiertos. 

3 comentarios:

la ramona dijo...

Tambien extraño las cartas. Comparto la nostalgia de la espera del cartero, de la emoción que cada sobre traia.
Hoy los unicos que me escriben son mis deudores y anunciantes y los que estan interesados en que adquiera deudas y les deba mi alma. Y ni siquiera eso, porque ni siquiera son personales, soy un nombre tomado de una base de datos.
Me gustaba saber que para alguien era YO, esta Yo que era pensada, sentida y añorada. Esta Yo que sigue esperando una carta, con un timbre de otros lugares, con un matasellos que marca una fecha, un día en que fui anhelada.

LaClau dijo...

Querida Ramona:
Imagina esta nota con un timbre proveniente del país de Siempre Jamás, con matasellos de hace una semana . El sobre es verde pálido, tiene tu nombre al frente y el remitente viene con el dibujo de una gatita siamesa de domicilio conocido. Al interior dice que eres muy importante y que le da gusto saber que existes.
Gracias por compartirte en este espacio.

AMOROSAMENTETUYO dijo...

Clau:

En cuestión de comunicación, yo personalmente prefiero las cartas, pues, en ella encuentras calídez y no la frialdad de una pantalla de computadora!

En la carta se encuentra el nerviosismo de quien la escribe y la esperanza de quien la va a recibir.

En la carta se encuentran los sueños plasmados en un papel, la imaginación de quienes la comparten y la presencia amorosa de dos personas a la distancia.

En una carta se plasma el gusto y la emoción de los amigos o de los verdaderos amantes, que amorosamente se comparten sus emociones o sentimientos.

En una carta se encierra una retroalimentación afectiva entre dos personas que se quieren bien y se desean a la distancia lo mejor!

Una carta queda por siempre en la memoría colectiva y no se borra cuando se va la luz o entra un virus.

Y todo esto se logra mágicamente a través de una pluma y una pieza de papel, encerradas en un sobre que cuidadosamente cierras y en cuyo esquina va el mejor timbre postal que elegisté y que te representa.

Saluditos cibernéticos!

P.D. algún día te mandaré una cartita!
Amorosamentetuyo