miércoles, 8 de septiembre de 2010

Camino hacia el olvido. (Parte 4)

Mientras Antonio le contaba que había terminado la relación con Jimena, ella escuchaba atenta y contenía la sonrisa que quería hacerse explícita en su rostro. "Federica y tú tienen razón, en el fondo, todas son iguales, y buscan quién se haga cargo de ellas" le dijo y ella escuchó con detenimiento lo que había pasado desde que Federica -también paciente suya- había reaparecido en su vida y él había preferido estar con ella y retomar viejos caminos, dejando a su novia suspendida y sin decirle absolutamente nada.


Baal se involucraba con algunos de sus pacientes más de lo que establece el código entre terapeutas lo que le generaba problemas personales y profesionales. Su vida era, a veces así lo pensaba, una mentira. La situación con Gonzalo, su marido era insostenible, entendía perfecto sus disfunciones psicológicas pero no podía ayudarlo en nada, él no quería resolverlas y tampoco quería que su relación funcionase mejor. Ella, por su parte, tenía problemas con los médicos y doctores de la Clínica: no aprobaban su visión poco ortodoxa de la terapia y el hecho de que muchos de sus pacientes del Programa de prevención de recaídas y del de Tratamiento continuo volvieran a beber o a drogarse y no lo comentaran con los médicos que formaban parte de los mismos con tal de protegerla, era mal indicador. Ella lo sabía, se sostenía en el lugar por su amistad con la Directora, quien en algún momento no podría defenderla más ante la junta médica.

La crisis generada por el proceso con Antonio estaba llegando a un límite. Sabía que no era correcto lo que había hecho con él, le pareció gracioso el juego, pero hacía mucho tiempo que las sesiones habían dejado de ser terapéuticas. A veces quien la escuchaba a ella era él y añoraba la siguiente cita para verlo. Haberle pedido la foto de Jimena había sido arriesgado, pero él le había creído y se la había llevado: era para "armonizar sus energías". Sabía también que llamarlo y enviarle mensajes de texto a las 2 de la mañana cuando él estaba con su pareja le generaba problemas, pero no le importaba. Era egoísta, es cierto, meterse a su vida de esa manera, y más aún sabiendo sus antecedentes y las ganas que él tenía de una relación diferente. No sabía por qué, pero le molestaba la existencia de esa mujer en su vida. A pesar de que él era inteligente, ella conocía sus debilidades, y sabía que podría alejarlo, eventualmente, de Jimena. "En el fondo," se decía a si misma, "todas pensamos y sentimos parecido. Los celos mueven montañas y separan a cualquiera."

En la última comida que organizó y a la que invitó a algunos de sus pacientes, Antonio por supuesto, el alcohol se había servido con frugalidad y ella no tuvo reparo en pedirle al mesero de manera particular, que no lo dejara en ningún momento sin un Cosmopolitan en la mano. "Si en la Clínica se enteran, me cortan la cabeza. Traer a personas que estuvieron internadas durante meses para desintoxicarse y que sea en mi casa en donde se divierten tomando ...". "Bueno, ya son adultos y saben lo que hacen", se dijo a sí misma.

Antonio se había convertido en su confidente y ella sabía que él sería su incondicional pues en la soledad en que vivía, poder hablar abiertamente con alguien era para él un refugio. Se sentía no juzgado en su consultorio y además, ella sabía por lo que había pasado y cual era uno de los principales problemas de su vida. Contaba a los amigos con una mano y era un hombre complejo y desconfiado. Su problema con el alcohol le había generado muchas dificultades, era una de las causas de su divorcio. Era socialmente funcional, trabajaba sin que esto interfiriera en sus negocios, en los cuales era indudablemente exitoso, y había logrado avanzar personalmente en los últimos meses, justo cuando conoció a Jimena, pero no se había atrevido a contarle nada al respecto. Para Baal, la llegada de esta mujer significaba un alejamiento de su paciente, pues él había encontrado alguien más en quien confiar y con quien estar cómodo.

Definitivamente, no le agradaba la situación. Además, la relación con Gonzalo no iba por buen camino y no desechaba la idea de ¿por qué no? ser algo más que su terapeuta en un futuro no muy lejano. El era un hombre atractivo en muchos sentidos. Habría cosas que trabajar, es cierto, pero ella era experta en adicciones y codependencia y encontraría la manera, eventualmente, de lidiar con esa cuestión.


Camino hacia el olvido. Parte 3


Imagen:noquedandominios.blogspot.com

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