martes, 28 de septiembre de 2010

Camino hacia el olvido (Parte 9)


Habían pasado meses y Jimena seguía sintiendo un inmenso vacío interno. Sabía que no tenía que ver del todo con el final de la relación con Antonio. "Esto es más profundo" se decía a si misma, "es algo anterior a él, histórico. Es como una herida que llevo a cuestas y que a pesar de los años, sigue sin cicatrizar."

Ella lo sabía, simplemente no podía descifrarlo. Ese dolor, triste, profundo, añejo, enmohecido, arraigado la había acompañado toda la vida, pero no se había dado cuenta. Tenía que ver con lo único que ella verdaderamente anhelaba en la vida: saberse abrazada y querida. Así de sencillo y simple, era lo único que en realidad quería. No entendía a sus amigas, que buscaban a un hombre que las mantuviera, o les dieran joyas o viajes o les dijeran que hacer con su tiempo, o les prometieran lo que sabían que nunca les iban a cumplir. Ella no necesitaba eso, eran cosas que podía hacer y darse a si misma. No, ella simplemente quería sentir la calidez de un abrazo un domingo en la mañana y escuchar dos palabras sin condiciones: "te quiero". Por esos momentos había dado mucho en la vida y había hecho cosas que le avergonzaban y que al paso de los años le resultaban dolorosas e inaceptables. No las podía cambiar, formaban parte de su vida. Eran irremediables. Eran parte de ella.

Pensó que la relación con Antonio podría ser diferente porque sabía que él buscaba, en el fondo, lo mismo. Aunque nadie lo entendiera, ella sabía que la soledad de ese hombre y la suya podrían hacerse compañía. Reconocía la ansiedad de su mirada pues le parecía por momentos un reflejo de la suya. No lo juzgaba, lo comprendía. Quería quererlo como buscaba ser querida. Habían hablado de eso en más de una ocasión, frente a una chimenea, haciéndose el amor y sintiendo la fugacidad de cada momento. Ambos sabían que la soledad los habitaba y se habían hecho cómplices de ese abandono interno que los hacía caminar. Pensó que él comprendía el dolor que la acompañaba desde siempre, ella entendía el de él, al menos eso pensaba.

El se sentía ajeno a su realidad, al igual que ella. A primera vista, ambos podrían parecer personas socialmente adaptadas a sus mundos, parte del mismo, felices en ellos. La realidad era otra, el sentido de no pertenencia los hacía adaptarse para no sentirse más aislados y solos. Jimena lo sabía, y esa verdad le molestaba al respirar. El también, pero lo evadía. Se sentían cómodos en el mundo que creaban juntos, aislado y aparte de todo lo demás, con palabras propias, con complicidades profundas, con añoranzas compartidas, con deseos elementales conversados.

El final lanzó a Jimena nuevamente a su mundo, habitado de personas y lleno de actividades, pero desolado, poblado de palabras incomprensibles y de emociones envueltas en velos de impotencia.

Para salir de ellos tendría que salir de su propia vida y hacía tiempo que la idea había dejado de parecerle una locura.



Camino hacia el olvido. Parte 3
Camino hacia el olvido. Parte 4





3 comentarios:

Lalo dijo...

Hola Clau, paso a dejar mi opinión muy rápido porque la energía electrica en mi casa está yendo y viniendo.

La palabra histórico en el texto me parece muy bien cologada, una metáfora que le da fuerza al inicio.

Me parece que este escrito es más largo de lo que podría ser. Puedes aplicar la economía del lenguaje para eliminar las partes redundantes.

Cuidado con los lugares comunes, a veces son muy útiles, pero en literatura suelen hacer mas daño que beneficiar. Me refiero a las frases: "inmenso vacío interno", "la soledad de ese hombre y la suya podrían hacerse compañía", y otros que son más largos y por razones de tiempo no puedo mencionar.

La adejtivización hacia el dolor no me gusta, creo que son demasiados adjetivos que, conceptualmente, le dan vueltas a lo mismo. El dolor, salvo en los casos de masoquismo, lleva una carga de tristeza o de nostalgia, el moho siempre está arraigado a su base, de otra manera no existe. Para ser más claro, puedes cambiar todos esos adjetivos por uno solo, o por una metáfora, por ejemplo:

"Dolor herrumbroso", la herrumbre implica antigüedad, abandono, arraigo hacia el metal que se oxida.

En fin, antes de que se vaya la luz, me despido.

Que tengas un buen fin de semana. Hasta pronto.

LaClau dijo...

Lalo,

Muchas gracias. Ahora he tardado en escribir, regresar, revisar y responder. Tomo nota de lo que comentas. En efecto, esta cuestión de escribir y además hacerlo en el formato bloguero es un reto enorme.

Confieso que disfruto jugar con los adjetivos, no sé si podría cambiar eso. Tal vez sea necesario jugar con otros. Supongo que eso también es parte del estilo. me gustó mucho tu "dolor herrumbroso", no sólo lo sentí sino que lo pude escuchar. Me encantó la imagen. Gracias.

Saludos y me despido por el momento. Buenas noches.

Anónimo dijo...

Hola clau leyendo parte nueve muy buena saludos @estrada18

Quienes son violentos contra los animales ejercen la violencia contra los humanos también....

People Who Are Violent to Animals ... Rarely Stop There

Dale voz a quienes no la tienen....

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