domingo, 6 de enero de 2008

Barack, Mike, Hillary ….y Eufrosina


Interesante el desenlace de los caucuses en Iowa en días pasados. A pesar de las encuestas que daban la delantera a la ex Primera Dama Hillary Clinton, el ganador del Partido Demócrata fue Barack Obama. Por parte del Partido Republicano el triunfo se lo llevó Mike Huckabee







Esto no establece precedentes definitivos, y menos ahora que el perfil del electorado estadounidense ha cambiado y los temas de la agenda no son los mismos de los procesos electorales pasados. El momentum servirá a los candidatos para replantear sus estrategias, redefinir posiciones y reorientar sus recursos. También servirá para que los analistas políticos tengan de qué hablar y sobre qué escribir. 

En New Hampshire esta semana veremos una nueva lectura sobre los procesos y en las primarias y caucuses que se llevarán a cabo antes o el 5 de febrero en 31 estados habrán de decidirse y definirse las preferencias partidistas que determinarán a los compañeros de fórmula que contenderán por la Presidencia de Estados Unidos en cada partido.

¿Y Hillary? Fue la primera en reconocer el triunfo de Obama: le llamó a los pocos minutos de saberse los resultados para felicitarlo. Este hecho no deja de llamarme la atención en varios sentidos. El hecho de reconocer una derrota en un punto inicial de proceso electoral parece sacado de un cuento de ciencia ficción si lo comparamos no sólo con el caso mexicano sino con otros en el resto de América Latina y otros tristes ejemplos como el reciente en Kenya. Por supuesto que esto no establece la derrota de Clinton en el proceso en su conjunto (su esposo también perdió Iowa en su momento), pero si habla de una cultura política desconocida para nosotros. 

Reconocer la derrota  cuando existen reglas, instituciones y un marco legal claro es un acto elemental y mínimo de civilidad política y democrática. Lo que resulta sorprendente es que para países como México este hecho resulte extraordinario: lo usual es desconocer las reglas del juego cuando los resultados no favorecen a alguien y para muestra basta López Obrador. Es más fácil desconocer el entramado institucional con el que se aceptó jugar y apelar a la teoría de la conspiración universal que reconocer la derrota y seguir construyendo a favor del país “por el que aparentemente se está dispuesto a dar todo”. Igual de sorprendente nos resultó a los observadores de estas latitudes cuando Al Gore reconoció el resultado final que le dio el triunfo a George Bush a pesar de lo complejo, inusual, sospechoso y dudoso del resultado que derivó en el triunfo del actual Presidente. En todo caso, lo que cabría preguntarse es ¿hasta cuando podremos l@s mexican@s aceptar contender con las reglas del juego y reconocer que la democracia también implica que unos ganen y otros pierdan? También habrá que preguntarse si la reforma que llevó al IFE a las manos (fauces) del Congreso ayudará a fortalecer nuestra ya golpeada democracia y permitirá que los candidatos jueguen “derecho”. 

A propósito de Hillary no pude dejar de pensar en otras variantes de la democracia particular de nuestro país que eliminan a priori a grupos específicos de la contienda electoral y que evitan que los participantes de los procesos compitan en condiciones de equidad.(¿Será que el Congreso será capaz de prever esto o seguirán los legisladores trabajando exclusivamente a favor de sus partidos?). Me refiero al caso de Eufrosina Cruz Mendoza

Seguramente pocos lectores recordarán el caso pues no ameritó titulares ni primeras planas, a pesar de ser un hecho lamentable y tristemente usual en este país: la marginación, violación de derechos y violación de la ley en contra de una mujer indígena de Oaxaca. Eufrosina fue excluída a la mitad de la asamblea comunitaria donde los chontales eligieron al Ayuntamiento de Santa María Quiegolani, ubicado a unos 300 kms al suroeste de la capital oaxaqueña. El Alcalde saliente, Saúl Cruz Vázquez giró instrucciones para que ella no participara por ser mujer y (pecado de pecados) ser profesionista. En el sistema de Usos y Costumbres que rige a muchos municipios del estado las mujeres no tienen derecho a votar ni a ser votadas. 

¿Por qué hablo de ella en este post que trata, aparentemente, de otro tema? Por que me parece que existen lecciones que aprender. Le llevó a los mexicanos mucho tiempo y muchos recursos que los procesos electorales fuesen transparentes y tuviesen credibilidad y legitimidad a nivel nacional e internacional. Pocas instituciones tuvieron el apoyo político y social que el Instituto Federal Electoral tuvo. Durante sexenios enteros los mexicanos vivimos un país empantanado en procesos, movimientos y manifestaciones poselectorales pues los candidatos (ni a nivel nacional, estatal o municipal) aceptaban los resultados oficiales y el IFE logró darle a través de los años credibilidad a los procesos. Cuando aparentemente nos tocaba dar un paso más en la consolidación democrático electoral todo se fue a la basura pues un candidato decidió no aceptar los resultados que le daban el triunfo a su opositor. (Así es la democracía, se gana o se pierde por un solo voto) El partido “perdedor” (que se convirtió en segunda fuerza política a nivel nacional y en el Congreso) decidió hacerle pagar tanto al Consejero Presidente Luis Carlos Ugalde como al Instituto su derrota y decidieron dar marcha atrás llevando al IFE a su ruedo para controlarlo desde el Congreso. 

Me pregunto, cuando la democracia implica elecciones libres, equitativas y participativas y cuando se debe garantizar el derecho constitucional fundamental de votar y ser votado, el IFE tendrá que resolver los viejos problemas de nuestra cultura política. Los dilemas que tocaba resolver en estos tiempos, como garantizar condiciones de equidad y derechos constitucionales para sectores tradicionalmente marginados y  que se están abriendo paso participando en las contiendas electorales quedarán, por milésima ocasión en un segundo plano.

¿Será que algún día podremos vivir en México, como una realidad, que un candidato (presidencial, estatal o municipal) le hable a su opositora ganadora, una mujer indígena por ejemplo, para felicitarla por su triunfo?

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