jueves, 24 de enero de 2008

La ciudad apagada

No es el título de una novela costumbrista, es la crónica de un día, una noche y otro día en la Ciudad de México después de un ventarrón. Pues si, que nos quedamos sin luz por día y medio. ¿De quién fue la responsabilidad? Del ventarrón. Cuando empezó el apagón en media ciudad no había policías dirigiendo el tránsito, ¿por culpa de quién? Del ventarrón. ¿Por qué no hubo respuesta para atender los apagones? Los vientos que hicieron moverse a los árboles y casi a los edificios tuvieron la culpa. ¿Por qué un día y medio después no había luz? Por culpa del ventarrón (LaClau, que ¿no entiendes?).  Cuando "volvió" la luz siguió yéndose y regresando de manera intermitente. ¿Quién fue el responsable? Seguramente los usuarios, pues la Compañía de Luz seguro que no. 

Me pregunto permanentemente, ¿por qué seguimos pensando los mexicanos que somos muy nacionalistas y defensores de lo nuestro por apoyar la ineficiencia? Es un gran misterio cuya respuesta desconozco. Lo nuestro son: la luz  y el petróleo. ¿Quiénes se hacen cargo de "lo nuestro"? Nuestro respetable, siempre responsivo y responsable gobierno a través, claro está, de la Compañía de Luz y Fuerza  y de Petróleos Mexicanos.  ¿Son eficientes? Pues depende de para quién: son MUY eficientes para sus sindicatos pero prestan un pésimo servicio a los mexicanos y no le producen ganancia alguna al gobierno. 

¿Hacer eficiente la industria petrolera mexicana mediante alianzas estratégicas con inversionistas privados y si es necesario, extranjeros? NOOOO, pecado, horror, vendepatrias, antimexicana. Es nuestro, es nuestro, es nuestro. (Ahora empiezo a entender una frase que escuché desde que nací: "El petróleo es nuestro". Supongo que la edad me ha permitido comprender secretos profundos de la realidad nacional y de nuestra revolucionaria clase política. Cuando decían es "nuestro" hablaban literalmente, no era una  metáfora ni un recurso literario-político: nos estaban informando al resto de los mexicanos que era suyo, para SU usufructo personal.) ¿Y la electricidad? También. Es MUY mexicana. 

No importa que tengamos que importar gasolina siendo productores y exportadores de petróleo. ¿Será muy mexicano el tener una de las gasolinas más caras del mundo cuando podríamos generar riqueza a partir de los derivados del petróleo? Supongo que no. Lo verdaderamente mexicano es no tener capacidad para ser eficientes en nuestra principal industria, defender los intereses de su sindicato y jamás salir del subdesarrollo mental.  Es muy mexicano seguir solventando los intereses del sindicato de los trabajadores de Luz y Fuerza, impedir a toda costa la competencia que obligue a esta "empresa" a prestar un mejor servicio, a ser competitiva y a pelear verdaderamente por sus clientes a base de brindar calidad y servicio. Si acabar con los intereses corporativos, promover la  eficiencia, darle oportunidades a las personas de vivir mejor (tanto trabajadores como usuarios) y querer empresas estatales eficientes, competitivas y con visión de primer mundo me hace antinacionalista, ni modo, asumo el calificativo.  Quisiera ser la antinacionalista que más promueve a México y que apoya la generación de riqueza para distribuirla: me niego a ser considerada nacionalista por empeñarme en administrar la pobreza y a evitar a toda costa sacar a este país del marasmo institucional, y mental, en el que se ha postrado. 

Estoy fastidiada de recibir pésimos servicios y pagar muchísimo por ellos y no tener a quién exigirle cuentas.  No es casual que no exista una traducción de la palabra accountability en español, nunca hemos tenido la necesidad de exigirle cuentas a los gobernantes y éstos no han tenido, jamás, que rendirle cuentas a los ciudadanos. 

Mexican@s, ¿hasta cuándo? La corresponsabilidad es nuestra. 


7 comentarios:

El R dijo...

Querida Laclau, andas hecha un ventarrón. Siempre en circunstancias límite creemos que tenemos el monopolio de la ineficiencia y de la desgracia (bueno, y en el caso de los mexicanos es claro que tenemos tal monopolio, aunque no es muy eficiente porque terminada la desgracia se nos olvida. Ay Maquiavelo).
Aunque yo no voté por este gobierno (ni el federal, ni el de la ciudad), aunque sí vote, me pregunto por qué apelar a los ciudadanos cuando quién incumple con sus facultades constitucionales es el gobierno (los gobiernos, dirás tú).
Esto no tiene nada que ver con el nacionalismo o la propiedad de los activos de las empresas (la falta de memoria nos lleva a equivocarnos se han privatizado otras áreas y después los ciudadanos tenemos que pagar los rescates: careteros, FOBAPROA, et.al). Más bien tiene que ver con la incompetencia y la pequeña estatura de los gobernantes (sin alusión, desde luego).

Me pregunto, ¿qué hace Patricio Patrón en PROFEPA? No es la accountability, ni la existencia de equivalentes idomáticos para los anglicismos o galicismos. La vergüenza si está definida en el español.

Te quiero a obscuras! (no es solicitud)

Rómulo dijo...

Pocas veces he visto una critica d este tipo, tan objetiva, mordaz como precisa.... me encantó

Un saludo desde Lima, Perú

LaClau dijo...

Gracias Rómulo por tu visita. Coincido con el aplauso a la crítica de R. Efectivamente, es preciso, claro, mordaz y tiene un gran sentido del humor.

LaClau dijo...

Querido R,
La vergüenza tiene muchas traducciones y podemos respirarla, lamentablemente, en el país y en nuestra contaminada ciudad.

Coincido en el hecho de que los responsables "formales" de tanta ineficiencia son los gobernantes y en todo caso los diferentes órdenes de gobierno. Mi empeño en sacudirles las neuronas a nuestros connacionales radica en el hecho de hacerlos corresponsables de su vida. Si, tenemos "funcionarios" (¿qué, no viene la palabra del verbo funcionar?) que hacen todo menos cumplir lo que les corresponde y que mejor debiesen irse de vacaciones al cumplir sus cargos.

Sin embargo, los mexicanos somos responsables de nuestro silencio, de nuestra complacencia, de nuestra apatía y de nuestra irresponsabilidad ciudadana. Me rehuso a pensar que somos ciudadanos única y exclusivamente cada seis años cuando nos levantamos, bañamos (si es el caso), nos peinamos y salimos a votar y el resto del sexenio nos convertimos en críticos, impolutos y perfectos observadores de cómo aquellos a quiénes elegimos siguen haciendo lo que les viene en gana y no hacemos NADA. Si no exigimos que nos rindan cuentas, que trabajen a NUESTRO favor y de las futuras generaciones, seguirán haciendo lo que saben... nada, o flotar en el universo de los compromisos políticos que poco tienen que ver con el oficio de gobernar en una democracia representativa. Somos expertos en aparentar vivir en una democracia simulada.

Nuestros funcionarios son lo que son porque somos tan apáticos e irresponsables que preferimos vivir como estamos que comprometernos por y con el cambio.

Me parece que el tema del nacionalimo viene bien a cuento porque somos capaces de defender a capa y espada "lo nuestro" aunque ello implique pagar mucho y soportar más de lo mismo. Cierto, la privatización no es garantía de eficiencia, te doy toda la razón. La propiedad pública nos ha demostrado a lo largo de un siglo (si, muchos años)que en este país no funciona y si han funcionado las prerogativas de los grupos que viven de ella.

¿Somos ciudadanos incompetentes? Me temo que si. Siendo así, te doy la razón también: los gobernantes son pequeños porque representan bien a sus gobernados en términos de responsabilidad y tamaño.

Shame, vergüenza, honte, vergogna. Diversos idiomas para la misma realidad.

El R dijo...

Recontra comentario 1.

Querida Laclau, lo primero que quiero hacer ante tu generosa provocación (nuevamente) es decirte que juro que no le pagué a mi mamá para que escribiera bajo el pseudónimo de Rómulo. Una vez lo anterior, quiero decirle a Rómulo (que ya aclaré que no es mi mamá disfrazada) que su comentario es muy amable y que no pensé que nadie lo leyera salvo Laclau y que es sólo a ella a quién corresponde un reconocimiento porque siempre inspira ventarrones y apagones, sé lo que digo.

Mi muy querida Laclau, de nuevo es un placer encontrarte (a obscuras) y tener una nueva oportunidad para desencontrarte (Such is life in the bloody tropics!).

Te decía que no pude resistir nuevamente tu provocación a esta hora del día. Ello, en un sentido, puede ser sólo la demostración de que tengo el ineficiente monopolio público de la falta de voluntad, porque cuando escribes en realidad no me puedo detener. Creo que has hecho un conjunto de generalizaciones con las que podría coincidir totalmente en un contexto diferente, sin embargo tus conclusiones, al más puro estilo de “my way or the highway” merecen un largo café cibernético (o como dirían los italianos un cafe lungo, lungo).

Cuando te refieres al triste papel de la ciudadanía mexicana al querer (tú) sacudir sus neuronas para que asuman ciudadanamente sus destinos libertarios y democráticos; y por lo tanto, se hagan cargo de sus silencios, complacencias, apatía y responsabilidad ciudadana, yo me quedo pensando en el guión del Silencio de los Inocentes (The silence of the Lambs, U.S.A., 1991, Jonathan Demme) en el que las víctimas son justificadamente víctimas porque tienen el tipo o como quien dice, la culpa de la victimización (sic propio) la tienen las víctimas por permitir y disfrutar (así son las complacencias) que se los cargue el payaso en el circo.

Me parece que no podemos olvidar que ha sido esta misma ciudadanía la que decidió en el año 2000 poner diques a la impunidad y la inercia gubernamental bajo la esperanza del cambio (en una forma civilizadamente electoral). Sin embargo, aunque no nos guste (o te guste), la ciudadanía también ha aprendido que cambiar para que todo siga igual es una especie de gatopardismo institucional. Que no todo cambio es edificante y que hay varias formas de cambiar, no sólo la manera encabezada por el bajito presidente y su gabinete Montessori (Gracias por la dialéctica Hegeliana y mi eterna gratitud a la física cuántica que nos desveló el misterio: las posibilidades de cambio son infinitas).

Cuando apelas a la responsabilidad ciudadana bajo el contrato social de Rousseau, no queda claro cuál es el modelo de ciudadano que dibujas. ¿Cómo quieres o esperas ver la voz de los ciudadanos en movimiento frente al Estado? Queda la impresión que te refieres a ciudadanos de Fuenteovejuna, aspiracionalmente homogéneos. Sin embargo, sabemos que los ciudadanos son heterogéneos, somos diferentes. ¿Por qué deberíamos reaccionar con el mismo apasionamiento frente a los mismos asuntos públicos? ¿Por qué deberían tener, sentir y actuar con la misma pasión si los problemas públicos que enfrentan son diferentes? Mira, algunos padecieron un apagón debido al viento, otros no conocen la electricidad y tienen hambre. ¿Ves?

El R dijo...

Recontra comentario 2.

Laclau, como una acuciosa analista del mundo y del país, sabes que si han existido y existen movimientos de ciudadanos que tienen una acción proactiva (just for using the english). Omitirlos, es dejar de reconocer que la sociedad mexicana está dividida en la geografía electoral y en la del territorio, pero sobre todo que está en movimiento. Aunque uno pueda no estar de acuerdo con la naturaleza y formas de éstos, sí los hay. Dos ejemplos de ello (just for the records):
1. El movimiento de ciudadanos de San Salvador Atenco ante las expropiaciones del gobierno federal para la construcción del aeropuerto alterno al de la Ciudad de México (marcharon con machetes en ristre a la Ciudad de México).
2. La movilización magisterial (turbia, sí, pero movilización) en el estado de Oaxaca para demandar la renuncia del gobernador. (De tal intensidad que la Franja de Gaza parecía zona de veraneo comparada con el estado de deterioro sufrido por la hermosísima ciudad colonial de Oaxaca, una vez terminada la trifulca).

Sí, tu voz retumba en mi cabeza, casi puedo escuchar tu gesto. Reconozcamos que el entramado institucional del país no posee los elementos para propiciar la participación ciudadana individualizada o colectiva responsable. Es la misma estructura institucional que exonera a gobernantes que conculcan derechos constitucionales y garantías individuales o que exonera a hombres públicos pederastas (solidaridad con Lidia Cacho desde aquí).

En tal contexto, algunos ciudadanos que a veces decimos, que a veces nos hacemos responsables, que a veces nos flagelamos socialmente y que a veces hacemos (subrayo el a veces, porque tengo la sospecha que ser un ciudadano Sartori debe ser agotador), nos preguntamos cuáles son las opciones reales para que la participación ciudadana sea efectiva. Ya ni fundar un partido lo garantiza (triste caso el del Instituto Federal Electoral).

¿No es plausible considerar que la aparente apatía e inacción de los ciudadanos mexicanos (o de cualquier otro lugar como Perú) también se debe a la desconfianza (Fukuyama) o como quién dice “la burra no era arisca, la hicieron a palos”? ¿No es pertinente considerar que frente a un contexto institucional adverso en el que el entramado institucional no tiene un diseño que permita demandar jurídicamente a las autoridades que cometen abusos u omiten sus responsabilidades, lo mejor es votar con los pies como sostenía Hirschman?

Coincido con el hecho que la experimentación y la innovación en las formas de hacer gobierno y políticas es una ruta adecuada para mejorar el bienestar social. Sin embargo, el prestigio de la autoridad no lo otorga la constitución, lo reputa el acto mismo. Lo cual me lleva a plantear el asunto de las privatizaciones de empresas públicas.

Al igual que tú, creo que al amparo del poder público se han beneficiado grupos de interés político, antes y ahora (“Dios no te pido que me des, nada más ponme dónde haya”). El problema de los monopolios (públicos o privados como TELMEX) es que generan pérdidas sociales. Pero ese no es tu punto. Me parece que la discusión que planteas es el de la venta de activos paragubernamentales de la industria petrolera y la eléctrica, bajo la quimera que todo será mejor. ¿Pero qué hemos aprendido Laclau? Aunque yo no tengo una posición ideológica al respecto, la falta de oficio político Montessori, la pequeña estatura de algunos gobernantes y la poca transparencia me dicen que es necesaria la prudencia en ese tema. No es nacionalismo (aunque si lo fuera no habría nada vergonzoso en ello).

El R dijo...

Recontra comentario 3 y último.

Algunos nos preguntamos ¿qué garantías tenemos que en el proceso de desconcentración de las empresas públicas no habrá pillerías? Me parece que la mesura y la precaución es buena consejera. ¡¡Siempre hay que aventarse del avión con un paracaídas!!

En el contexto de la descripción del ciudadano con la racionalidad homogénea del public choice, la accountability no parece ser suficiente. La rendición de cuentas no tiene ningún efecto social si no está acompañada de la sanción (lo que quiere decir que al minúsculo presidente se le puede establecer un castiguito de su tamaño), de otra forma se corre el riesgo de institucionalizar el cinismo (Dostoievsky)

En relación con la incompetencia ciudadana que señalas, creo que me atribuyes una interpretación que no coincide con mi locura.

Me pregunto desde cuándo la pretendida incompetencia ciudadana es un pecado capital de tal tamaño que hoy tenemos que padecer un castigo ejemplar como el que nos han enjaretado o que merecen señalamientos tan duros. O qué, ¿los gobiernos panistas han redimido la tradicional y mexicanísima corrupción gubernamental? (Niskaenen y la eficiencia X en entredicho)

Yo a diferencia de ti, no creo que la minúscula estatura de los gobernantes represente nada más que su estatura y calidad moral. Tu generalización me parece triste. No creo que los enanos gobernantes representen tu estatura o la de los ciudadanos mexicanos. No es nacionalismo. Es sólo pudor y fe, aunque suenen raras en mí.

Como siempre un beso

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