viernes, 4 de enero de 2008

El arte de pintar el mar: Aivazovsky

Es inevitable en una conversación de café no tocar el mundo del arte. Por alguna razón, la pintura siempre me ha producido una extraña fascinación. Si se suma mi atracción por ella sumada al embrujo que me genera el mar, los caminos inevitablemente me llevaron a Ivan Konstantinovich Aivazovsky, sobre quien quiero conversar hoy con ustedes.

¿Quién es él? Se trata de uno de los pintores armenios más destacados del auge cultural ruso del siglo diecinueve. Nació el 17 de julio de 1817 en la cosmopolita ciudad de Theodosia, Crimea. El italiano, el turco, el armenio, el tártaro, el griego le eran lenguas familiares y de la misma manera creció cerca de artistas de diversos géneros, sobre todo músicos y pintores. Su afición desde joven se orientó hacía la pintura. De hecho, cuentan los biógrafos que fueron sus dibujos al carbón, pintados sobre las blancas paredes de Theodosia los que llamaron la atención del gobernador de la ciudad, Kaznacheyev, quien le ayudó a entrar a la escuela en Simferopol y posteriormente a la Academia de las Artes en San Petesburgo, en 1833. 

El talento del joven Aivazovsky para la pintura de batalla y marina fue rápidamente reconocido por sus maestros. A través de diversos viajes y mediante su contacto con diversas escuelas y artistas logra perfeccionar su técnica y estilo, consolidándose al paso de los años como el pintor oficial de la Marina Rusa. 

A lo largo de su vida, el mar y las batallas que en él tuvieron lugar fueron su tema principal, sin embargo, los países y las planicies del Cáucaso tuvieron el honor de ser recordadas por él y plasmadas en sus lienzos. 

Murió en su tierra natal el 19 de abril de 1900. 

Uno de mis cuadros favoritos es Vista de Constantinopla a la luz de la luna, pintado durante su gira por Grecia y Asia Menor alrededor de 1845 (el cuadro está fechado en 1846). Esta obra puede ser analizada desde ópticas distintas, yo simplemente me limitaré a decir que no deja de sorprenderme la maravilla del talento artístico y la manera en que los hombres expresan y transmiten sensaciones. 


Me resulta incomprensible que los tonos ocres dispuestos de esta manera puedan transmitir emociones de esperanza, cambio, tranquilidad y grandeza. El cuadro refleja la esperanza de la llegada del día en medio de la luz de la luna. Esta transición diaria, clara y perfectamente representada en el lienzo no es otra cosa que el reflejo de una ley universal de la vida: lo único permanente es el cambio. 

Por otro lado, una ciudad como Constantinopla puede ser vista, desde la óptica de Aivazovsky, como un remanso de paz. Esto, me parece, no es otra cosa que la clara ley de pesos y contrapesos de la existencia: la ciudad más agitada a mediados del siglo XIX (y durante muchos siglos en la historia de la humanidad) deja de serlo a ciertas horas del día. Dicho de otra manera, sólo puede encontrar paz y tranquilidad lo que de manera constante está en permanente movimiento. Por último, la grandeza y majestuosidad de la ciudad pueden ir mano a mano con la grandeza y majestuosidad de la luz dorada que ilumina la noche. 

Acompaño este post con algunas otras imágenes para su deleite. 

La Ola

Viaje en Góndola a la luz de la luna en Venecia

En el Puerto de Odessa

5 comentarios:

la ramona dijo...

Que bueno tener estas conversaciones de café. Me lamento de reconocer que ultimamente no he estado muy cercana al arte y agradezco que trajeras a mi vida a este pintor del cual desconocía su existencia (perdón, por tal ignorancia)Me quede maravillada de ver su perfección y de las sensaciones y emociones que despertó en mi;que es parte de lo que todo el arte trata (según mi punto de vista): Recordarnos que en nosotros habitan emociones y sensaciones y recuerdos ancestrales que nos hablan de lo que somos. ¡que forma de pintar el mar, el cielo!¡que manera de hacerlos vivos y de detener en un momento esa fuerza viva!¡que forma de reflejar los cielos y sus transparencias!
Mil gracias por traer esos recuerdos a mi.

LaClau dijo...

Ramona,
Gracias a ti. Me encantó tener la sensación de ver al mar a punto de salirse del cuadro. Pintar el mar en la noche, eso me dejó apabullada. Hubiera querido presentar más cuadros de Aivazovsky, tal vez deje el bocado para otra ocasión.
Que bueno que lo disfrutaste, esa era la idea.
¡Buenas noches!

Laura dijo...

Acabo de prepararme una deliciosa taza de café irlandés que me encantaría estar compartiendo contigo; bueno, de alguna manera lo estoy haciendo. Estas conversaciones nos mantendrán cerca y disfrutando de la vida. Ojalá pronto compartamos también la vista al mar. Gracias!

LaClau dijo...

Querida Laura,
Gracias por darte el tiempo y el espacio para conversar con un café irlandés sobre estos temas. Bienvenida y espero que pronto podamos, efectivamente, ver el mar en directo y a todo color.
¡Gracias por estar aquí!

JAVIER ADAN dijo...

Preciosas pinturas.La mezquita de Ortakoy esta perfecta.
un saludo.