miércoles, 13 de febrero de 2008

Sabines y Los Amorosos

No pude evitarlo, amanecí con Sabines y lo soñé toda la noche. Tal vez fue nostalgia, tal vez sólo un recuerdo de sus palabras en mi corazón. Hoy llegó con Los Amorosos.



LOS AMOROSOS
Jaime Sabines

Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan,
son los que cambian, los que olvidan.

Su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.
Los amorosos andan como locos
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.

Les preocupa el amor. Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.
Esperan,
no esperan nada, pero esperan.

Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.
Los amorosos son la hidra del cuento.

Tienen serpientes en lugar de brazos.
Las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.
En la oscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.
Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.
Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor
como una lámpara de inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.
Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida,
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.
Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida,
y se van llorando, llorando,
la hermosa vida.

4 comentarios:

El R dijo...

Ni qué decir querida L, los amorosos son. Sólo son. A veces no siempre quieren. Pero deben seguir buscando, llegando, yendo. Así, como dice Don Jaime.

Buen augurio a quien despierta con la luz de los poetas.

Tanti Baci

Vespasiano dijo...

Me ha encantado el poema de Jaime Sabines. Y a mi personalmente "me viene como anillo al dedo" en el día de San Valentín. Me quedo con una frase: "los amorosos son locos...salen de sus cuevas...a cazar fantasmas".

LaClau dijo...

Hola R, si, los amorosos se han resignado a ser, y en algunos casos a estar. El amor como búsqueda, sólo eso, sin esperar resultados.

Ritorno i baci.

LaClau dijo...

Vespasiano,
Bienvenido a este café y que bueno que has encontrado en el querido Jaime Sabines, nuestro chiapaneco poeta, filósofo, cronista de la vida, algo que sentir. El se sentiría honrado, pues su vida entera la dedicó a provocar al corazón y a cazar nuestros fantasmas.
Saludos.

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