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La parálisis legislativa y la inexistente cultura constitucional


Los acontecimientos que están sucediendo en el Senado y en la Cámara de Diputados me han llenado de preguntas. ¿Por qué sucede esto y no pasa nada? ¿Por qué permitimos que un grupo político se apodere del Congreso y lo vemos como algo anecdótico y no hacemos nada? ¿Qué podríamos hacer? ¿Hasta donde podemos los ciudadanos reconstruir la cultura política para que el diálogo sea una realidad y deje de ser una quimera? 

Leo a diversos articulistas en la prensa y existe esta inquietud compartida, pero me quedo con esa sensación de saber que los que nos leemos y lo que leemos somos los mismos. Poca gente lee el periódico en este país, mucha ve la televisión y somos muchos los que utilizamos internet, pero seguimos siendo una minoría. ¿Cómo involucrar a la mayoría de un país cuya mitad de la población vive en condiciones de pobreza? ¿En qué les afecta a ellos -en lo cotidiano- que un grupo importante (pero minoritario) de legisladores hubiesen decidido tomar la máxima tribuna del país y paralizar el proceso legislativo? 

Existen muchos ángulos desde los cuáles analizar esta situación, uno de ellos -y que propongo como punto de partida para discutir lo que está sucediendo- es la lejanía con la que los mexicanos asumimos al poder constituido y lo inexistente que resulta en nuestra vida cotidiana el estado de derecho. En la "Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas" levantada entre noviembre y diciembre de 2001 por la Secretaría de Gobernación se hizo una pregunta ¿Qué tanto conoce los derechos de los mexicanos establecidos en la Constitución? a lo que el 60% de los encuestados respondió "poco" y el 35% "nada"; solamente el 4.5% dijo conocer "mucho" sus derechos. En otras palabras, el 95% de los más de cien millones de mexicanos desconocemos lo que dice la Constitución y más importante aún, desconocemos nuestros derechos. 

Uno de nuestros derechos fundamentales es elegir a nuestros representantes y que éstos respeten lo que establece la Constitución. 

La Constitución es muy clara en cuanto al procedimiento legislativo para aprobar o derogar propuestas de ley (Art. 71 y 72  De la iniciativa y formación de leyes). Ahí queda establecido que el Presidente de la República, los Diputados y Senadores del Congreso de la Unión y las Legislaturas de los Estados tienen el derecho de iniciar leyes o decretos.  Se establece el procedimiento mediante el cual los proyectos son debatidos en una Cámara y después pasan a la otra para proceder a su análisis y debate y posterior aprobación o no. 

Es justamente en este punto en donde quiero poner el dedo. Es en el análisis y debate de las ideas en el Congreso, la instancia constitucionalmente responsable, en donde se pueden discutir las propuestas de ley, las iniciativas y en donde pueden hacerse propuestas y contrapropuestas o en donde simplemente, mediante el diálogo y negociación, puede decidirse no aprobarlas. Entonces ¿por qué el FAP (Frente Amplio Progresista) decide tomar la tribuna del Congreso hasta que se "debatan a nivel nacional" la propuesta de reforma energética del Presidente Calderón y todas las demás propuestas? Para ello fueron electos, les guste o no, son servidores públicos y esa es su función. Ahí es justamente en donde pueden debatirse las ideas, para ello existen las comisiones y subcomisiones legislativas correspondientes. Cuando tomaron protesta de sus cargos se comprometieron a respetar y hacer respetar la Constitución ¿Entonces? 

¿Desde cuándo en un sistema democrático, con división de poderes y con instituciones establecidas las discusiones se dan en las calles? Lo que queda claramente establecido con estos actos es que, efectivamente, el Partido de la Revolución Democrática y los otros partidos que constituyen el FAP obedecen a su "líder moral", Andrés Manuel quién literalmente ha dicho "al diablo con las instituciones". ¿No se supone que quienes asumieron sus funciones en el Congreso, los legisladores, lo hicieron en representación de todos los mexicanos? Si no son ellos quienes pueden discutir, debatir, defender  los intereses de sus representados y negociar a su nombre, ¿entonces quién? ¿entonces para qué existe en Congreso y para qué existe la figura de representantes? 

Es evidente que les interesa tomar el Congreso hasta el último día de agosto puesto que el 1o de Septiembre es el Informe Presidencial y quieren repetir las vergonzosas escenas que hemos visto los últimos años: en un acto de enanismo político quieren demostrarle al Ejecutivo "quién manda", y parece ser que la mejor manera de hacer eso es mediante la fuerza de los puños y no de las ideas. Si los diputados y senadores del PRD y del FAP no creen en las instituciones para las que trabajan, ¿por qué asumieron sus puestos y por qué cobran? 

Mientras tanto, los mexicanos vemos los hechos con asombro y pasmados, sin saber que hacer. Por lo pronto, podemos enterarnos de cómo funciona el Congreso para darnos cuenta de lo preocupante que es que un grupo político tome la tribuna y evite que sesionen las Cámaras y podemos empezar a discutir  con fundamentos lo que sucede, dejando de lado las preferencias partidistas y anteponiendo el interés del país. 

¿Quién gana con lo que está sucediendo? Sinceramente, creo que todos perdemos. 

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